Científicos apuestan por incrementar la dulzura de las manzanas chilenas

Conscientes del encanto que genera en Asia el sabor de la variedad Fuji, doctores en biología molecular vegetal avanzan en un proyecto para conseguir una versión de primera calidad.

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Aunque sea difícil imaginarlo, en los fascinantes aromas y sabores de la cocina asiática también hay ingredientes chilenos. Pese a la lejanía, el vigoroso intercambio comercial de este país ha permitido que productos como las manzanas –la segunda fruta más exportada por este país tras la uva, con 18,6% de participación en 2008- tengan una recepción cada vez mejor y mayor en Filipinas, Malasia o la República Popular China.

Existe un especial encanto en Oriente con la dulzura de la variedad Fuji, tanto que -por ejemplo- sólo Taiwán importó 66% de las casi 26 mil toneladas nacionales embarcadas durante el primer semestre de 2009, de acuerdo a las cifras difundidas por la estatal Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa) basadas en la información del Servicio Nacional de Aduanas.

Hace dos años, los académicos de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile Claudia Stange y Michael Handford regresaban a Santiago del VI Encuentro Latinoamericano del Caribe de Biotecnología Agropecuaria (Redbio 2007), que se había desarrollado en la cercana y turística Viña del Mar. Entendidos ambos en biología molecular vegetal, coincidieron en la búsqueda de futuros desarrollos, como incrementar aún más y de manera natural el rico sabor de la mencionada manzana a través del impulso de una serie de primera calidad.

Especializada en carotenos ella y en metabolismo de azúcares en plantas él, “la pregunta fue qué podíamos hacer con nuestros conocimientos para aportar al país con un producto nuevo, para lo cual confeccionamos una lista encabezada por las manzanas”, según cuenta la doctora en Ciencias Biológicas con mención en Genética Molecular y Microbiología.

Proyecto de largo aliento

Junto con su colega Handford –británico con estudios de posgrado en Cambridge y casado con una chilena-, encontraron en la Universidad Católica experiencia en cultivos in vitro que podrían respaldar su trabajo, además de cooperación en la misma línea con científicos italianos.

Decididos ya a embarcarse en un proyecto a largo plazo antes de lograr los primeros cultivos, a fines de 2008 comenzaron con las gestiones que finalizaron exitosamente al conseguir recursos por 555 mil dólares, 70% de los cuales serán aportados por el programa InnovaChile de la estatal Corporación de Fomento de la Producción (Corfo), que en la temporada anterior contó con recursos por unos 90 millones de dólares.

“Estamos apuntando específicamente a los mercados de Asia, porque tienen gustos diferentes a Estados Unidos o Europa. Basta probar sus comidas, que son agridulces, con sabores fuertes, muy picantes o muy dulces. Y en la fruta, ellos valoran mucho el dulzor. Y técnicamente, es más sencillo partir de una base dulce para aumentar la característica”, cuenta Handford.

Según detalla, al final de cuatro años serán realidad plántulas de manzano con frutos que deberían tener más dulzor si obviamente se tratan en las condiciones apropiadas y en tres o cuatro temporadas más una evaluación integral del rendimiento de estos vegetales. Y aunque prefiere no adelantarse, ya visualiza con su compañera la modificación del gusto de otras frutas.

Desde su posición de extranjero, la reflexión final del doctor es halagüeña: “La calidad de la ciencia en Chile es de nivel mundial. Y eso se valora, como en un reciente congreso al que asistí en Inglaterra”. De hecho, revela que colegas neocelandeses expertos en el mejoramiento genético de frutales le confesaron perspicazmente su inquietud y admiración por la labor de “la gente del otro lado del Pacífico”.

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