Salar de Atacama, un espejo de otra tierra

A pocos kilómetros de San Pedro, se inicia el viaje a esta planicie. Pese a ser uno de los lugares más áridos del mundo, abunda la fauna y experimentarlo es un privilegio.

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Jorge López Orozco

Cae la tarde sobre el lugar más árido del mundo. El volcán Licancabur se eleva majestuoso con su cima cónica que detenta 5.920 metros de altura y que ha sido venerada por las antiguas culturas americanas. Los colores del macizo andino pasa de tonalidades ocres a rojizas a medida que el sol se pierde en el oeste. Por instantes el escenario y las cumbres cordilleranas que se yerguen como telón de fondo es dramático para quien lo vivencia.

Nos dirigimos a la laguna Chaxa, distante a 56 kilómetros al sur de San Pedro, uno de los principales puntos en dónde se puede observar la riqueza natural que se esconde en el afamado Salar de Atacama. Por muy extraño e incluso misterioso que resulte para algunos, en el desierto más seco del mundo hay vida.

Reserva nacional

Tras casi una hora de trayecto en vehículo y luego de cruzar el bello pueblo de Toconao, con el albo y solitario campanario de la iglesia San Lucas, la superficie lisa del desierto comienza a cambiar súbitamente. Costrones de sal aparecen y se expanden por todo lo que abarca la mirada formando una especie de roquerío de color pastel. Muy similar a un arrecife seco o a los registros existentes de la superficie del planeta Marte. El silencio inunda al visitante y sólo es interrumpido por el graznido de algún ave que sobrevuela el despejado cielo atacameño. Las montañas colindantes tienen intrigantes formaciones. ¿Cómo se formó todo esto?
 
En medio de tamaña soledad aparece la portería de la laguna Chaxa, perteneciente a la Reserva Nacional Los Flamencos que detenta 73.986 hectáreas protegidas. El salar de Atacama es uno de los lugares imperdibles de esta región, no sólo por su curiosa geografía, sino que por ser uno de los principales reservorios de aves en el desierto.
 
Un conjunto de pequeñas lagunas con elevadas concentraciones de sal -imbebibles para el ser humano- atraen a pájaros de diversas latitudes.

Acá no corre viento y la piel se siente seca. La superficie de las aguas de Chaxa se torna un espejo que refleja a los Andes con perfección.

Custodia Atacameña

Para recorrer la reserva hay que pagar una entrada a los comuneros atacameños ($2000 pesos), pueblo originario chileno, que en conjunto con Conaf ha generado una asociación para que el patrimonio natural de Atacama sea protegido y custodiado por sus propios habitantes.

Los atacameños o Likan Antai, tienen una tradición ancestral que los une al desierto y a estas alturas se han transformado en sus únicos moradores. Los primeros vestigios humanos corresponden a unos 10 mil años atrás. Los habitantes lograron sobrevivir gracias a las dulces aguas cordilleranas que formaron los oasis de la zona. En la actualidad hay menos de 100 mil herederos de la cultura atacameña, originada como tal entre el 900 y 1536 d.C., que se dedican principalmente a actividades agrarias de baja escala, al pastoreo de camélidos como llamas o alpacas y a la actividad turística.

Estamos en buenas manos. Todos los guías han nacidos en el lugar, conocen el nombre de cada montaña y tienen los rostros curtidos por el sol. Se les nota el amor por la tierra.

“Los inicios de este lugar se remontan sobre los 20 millones de años, algunas teorías dicen que fue un gran lago y no un mar. El Salar se extiende casi por 3 mil kilómetros cuadrados y es el más grande de Chile”, revela nuestra anfitriona atacameña, joven y sonriente. Un sendero de casi cuatro kilómetros nos lleva por los principales sitios de referencia que tiene la reserva.

No todo está dentro de los márgenes de la reserva. Lo no protegido por Conaf es aprovechado por consorcios mineros, como Soquimich. Este salar es el yacimiento con mayor cantidad de litio en el mundo. Su uso mueve al mundo tecnológico. Es vital para la generación de las baterías que usan tanto celulares como computadores y también sirve como medicamento para quienes padecen de depresión.

El sonido del vuelo

El Salar de Atacama debido a estas lagunas saladas es el paraíso de aves como el flamenco andino, chileno y de James, el playero de Baird, el caití y la gaviota andina. Acá anidan, se alimentan y socializan. Este hábitat es uno de los mejores puntos para su observación de fauna silvestre.

La duda asalta. ¿Cómo se alimentan estas aves? ¿Para qué llegan a estas aguas que difícilmente un humano podría beber? La explicación de nuestra guía resuelve todas las preguntas. Nos invita a acercamos a unos estanques en los que se comienzan a distinguir pequeñísimos indicios de vida.

Es el micro-crustáceo llamado Artemisa franciscana, dieta fundamental de las aves en conjunto con algas. La gracia de la artemisa es que posee altas dosis de betacaroteno, pigmento vegetal que es el principal causante del color del plumaje de los flamencos.

“Ese color rosado-anaranjado que tienen las aves es referente de su edad. Nacen blancos y entre más envejecen más color tienen”, explica.

A medida que pasa la tarde la mayor parte de los visitantes se retira. El frío anuncia a la noche. Si puede, le recomendamos quedarse un tiempo más. Cuando la gente se va es el momento en que las aves sorprenden.

Una veintena de ejemplares de flamenco se alzan en una bandada perfecta, pasando raudos sobre las cabezas en busca de su lugar para dormir. El sonido de las alas, ante la inmensidad del desierto, llena los oídos.

Las lagunas reflejan otro mundo cuando el sol se pierde en el horizonte. Ante la inminente oscuridad las siluetas de las aves se recortan contra el fondo desértico. Los graznidos y vuelos se transforman en el soundtrack de la despedida. Es uno de esos momentos que se recuerdan siempre.

Consejos

Protección contra el Sol: es fundamental usar un bloqueador de alto grado por las radiaciones solares a las que el cuerpo enfrenta en el desierto. También se aconseja usar sombrero, gafas de sol y llevar agua. Igualmente las porterías de Conaf cuentan con equipos de emergencia y baños, Hay que llevar ropa de abrigo en la noche, la temperatura desciende fuertemente.

Altura: Los sitios cercanos a San Pedro están por sobre los dos mil metros de altura. Hay que aclimatarse medio día. Se recomienda no hacer ejercicio físico severo y reposar. En caso de existir molestias se puede experimentar un té de chachacoma (yerba del altiplano), masticar coca o pedir alguna prescripción médica contra la puna o mal de altura.