Valles interiores: Joyas a descubrir

Limarí, Encanto y Pichasca ofrecen restos de dinosaurios y también misterioso arte rupestre de antiguos habitantes de la zona.

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Menos conocidos pero no menos atractivos, los valles interiores de Atacama y Elqui son una especie de joyas por descubrir. Son parte de un Chile más profundo donde la naturaleza aún convive con el hombre de manera armónica.

Se trata de valles que generan un cambio de visiones. De la aridez geográfica propia en la mayor parte de este territorio, se pasa a manchones verdes posibles por los ríos que bajan desde los Andes. A través de los siglos fueron lugar de descanso de pueblos originarios, los que dejaron su huella en impresionantes petroglifos.

Valle del Limarí

El Valle del Limarí es cada vez más conocido por la producción de vinos finos privilegiados por el clima. El Parque Nacional Fray Jorge y el Valle del Encanto son dos hitos a conocer.

Parque Nacional Fray Jorge

Es un bosque relicto, tipo valdiviano, ubicado en una zona desértica costera. Como si el sur se hubiera trasladado al norte. Así se podría explicar la sensación que provoca entrar en el enorme bosque que se abre a pocos kilómetros de Ovalle y que rompe la aridez habitual de la zona. Ubicado a 150 kilómetros al sur de La Serena y 75 de Ovalle, sus 9.959 hectáreas fueron declaradas Reserva Mundial de la Biósfera por la Unesco.

El fenómeno vegetal es resultado de la  condensación de la neblina costera, o camanchaca, que permite el crecimiento de árboles como canelos, olivillos, tepas y gran variedad de helechos, los que sobreviven a más de 1.250 kilómetros de su hábitat tradicional. Fray Jorge es heredero de lo que fue esta región hace miles de años, antes de la última glaciación.

El espectáculo se vuelve sobrecogedor luego de subir a la cima de alguno de los montes en un día despejado, para observar el contraste de lo desértico con la frondosidad del bosque. La mejor época para visitar el parque es octubre y noviembre, durante el periodo de floración.

En Fray Jorge existe un área de camping conocida como El Arrayancito, provista de lugares para cocinar, agua potable y servicios higiénicos.  La administración es de Conaf, y sus oficinas se encuentran en una casona de más de 100 años de antigüedad, a 5 kilómetros de la entrada al parque. En época no estival, está abierto sólo fines de semana y festivos. El resto del año consultar en cualquier oficina de Conaf.

Valle del Encanto

Un museo al aire libre que guarda las huellas del pasado cerca de la Viña Tabalí. Se estima que en la zona habitó la cultura Molle y otros grupos de cazadores desde el año 2000 AC hasta el siglo VII. Por lo mismo, en el Valle del Encanto es posible apreciar gran variedad de petroglifos, incluyendo dibujos de máscaras tiaras, figuras humanas con antenas, símbolos solares y pictografías con forma de serpientes y peces.

Otra de las curiosidades, hasta ahora sin explicación concluyente, son las llamadas piedras tacitas que habrían sido utilizadas para moler granos o bien preparar pinturas y brebajes para desconocidos ritos chamánicos.Cuenta con  camping y zona de pic-nic.

Pichasca

Visitar Pichasca es realizar una caminata por la prehistoria. Una réplica de un dinosaurio, fósiles de antiguas araucarias,  una caverna enorme y espectaculares miradores sobre el valle de Río Hurtado, son los máximos atractivos de este lugar.

El Monumento Natural Pichasca es conocido como el Parque Jurásico Chileno. Se encuentra a 85 kilómetros al sur de La Serena, en el valle del Río Hurtado, una zona con clima semi desértico donde los bosques de cactus de más de 2 mts. de altura atrapan la vista del visitante.
Pichasca es sorprendente. El lugar es misterioso. Bello y sereno. Sobre todo cuando, después de una corta caminata, se llega a los pies de un titanosaurio, gran dinosaurio de plástico que fue reconstruido luego que lugareños encontraran algunos huesos del animal que habitó la región al menos 75 millones de años atrás.

No menos impresionante es el cementerio de troncos petrificados; lo mismo que la Casa de Piedra, una cueva utilizada hace unos 10 mil años por hombres que dejaron restos de cestería, alimentos, puntas de flecha y pinturas rupestres. 

A Pichasca se llega por la Ruta D-595 desde Ovalle, y luego de dejar atrás el Embalse Recoleta. Dispone de servicios higiénicos, zona para picnic y un centro de información. Para mayor atractivo, es usual encontrar una de las aves más hermosas de Chile, el loro tricahue, especie que destaca por su colorido plumaje.

Valle del Quilimarí

Con un verdor más intenso y con pequeños poblados, Quilimarí es un valle angosto junto al río del mismo nombre. Se le conoce como el valle de petroglifos pues allí se encuentra una enorme cantidad de testimonios en piedra de antiguos habitantes.

Nace cerca de Pichidangui y se conecta con el Valle del Choapa y La Ligua. Cuna de la cultura diaguita, en sus alrededores se pueden apreciar petroglifos y lugares ceremoniales que se remontan al año 300 A.C.

El viaje comienza en  la localidad de Quilimarí, un pequeño pueblo alrededor de la hermosa  y antigua iglesia de Nuestra Señora del Carmen Colorado, construida el año 1760.

Otros sitios por conocer son Guangualí, un entretenido pueblo cuyos habitantes se han especializado en producir alfarería de vivos colores; Los Cóndores con su museo de petroglifos, la mina de cuarzo de Tilama y el embalse Culimo, donde se encuentran también petroglifos y la mayor concentración de palma chilena. A 24 kilómetros al norte de Tilama, y luego de cruzar impresionantes túneles y puentes del antiguo ferrocarril al norte,  se ubica el pueblo más antiguo del valle, Caimanes, fundado por Diego de Almagro, el español conquistador de Chile en 1536.

El Misterioso Valle del Choapa
 
Se le denomina capital nacional de la arqueoastronomía. Se trata de un lugar intrigante, con claros signos de que, alguna vez, algo extraño ocurrió.
Para conocerlo hay que llegar a Illapel, un pueblo en el que también es recomendable probar delicias gastronómicas como los camarones de río.

Además, Illapel ofrece una activa vida nocturna, herencia de los mineros nómades que por décadas han recorrido la región. En esta localidad  se pueden conocer viejos trapiches utilizados para la molienda de minerales, y también visitar Farellón Sánchez, un pueblo minero fantasma.

Asimismo, son de interés los antiguos lavaderos de oro y el pueblo de Cuz-Cuz, donde destaca el Taller Taucán de cerámica y etnomúsica; un buen lugar para empaparse de  cultura diaguita. 

Misteriosas son las piedras marcadas o piedras hablantes, algunas de las cuales muestran evidentes señales de una antigua fascinación por naves espaciales y seres de otros mundos. Baqueanos y pequeñas empresas ofrecen tours a los lugares más emblemáticos.

Tal vez el más interesante es el Sendero Arqueológico El Coligüe, que ofrece alojamiento en casas rurales, arriendo de burros y mulas, además de productos locales.

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