Comuna chilena se convierte en ejemplo en gestión ambiental

Vecinos cuidan el ecosistema con tratamiento de desechos y la producción de biocombustible.

pintana550x290b

El arquitecto e ingeniero chileno Manuel Valencia tiene millones de funcionarios a su cargo, repartidos al aire libre. Mientras les pasa revista, cuenta orgulloso algunas de sus virtudes: trabajan las 24 horas, los 365 días del año, prescinden de mobiliario u oficinas, se alimentan exclusivamente con desperdicios y entre todos no alcanzan a cobrar un dólar.

No se trata de que el jefe de la Dirección de Gestión Ambiental (DIGA) de La Pintana abuse de sus trabajadores. Muy por el contrario, el titánico panorama es un disfrute para su ejército de lombrices rojas californianas, agrupadas en lechos de dos por nueve metros, cada uno de los cuales consume casi una tonelada de desechos orgánicos a la semana, en el marco de una de las tantas iniciativas ecológicas que impulsa el municipio.

Ubicada 20 kilómetros al sur de la capital, La Pintana es una de las comunas más desposeídas de las 37 que integran el Gran Santiago, que –a su vez- corresponde a la zona metropolitana más grande de Chile, uno de los 50 mayores núcleos urbanos del planeta, pues concentra a unos seis millones de habitantes.

Como unidad administrativa, la comuna nació en 1984 como uno de los principales polos de edificación de viviendas sociales, al punto que hoy reúne a más de 200 mil personas, sustentadas con el segundo presupuesto municipal más bajo del país, de unos 22 millones de dólares anuales. Políticas públicas insuficientes y el dispar origen de sus nuevos pobladores la predispusieron a la pobreza y el desarraigo.

Pero la visión de sus autoridades locales y el compromiso de los propios vecinos la han transformado en los últimos 15 años en un ejemplo de protección del ecosistema, con el consiguiente mejoramiento de la calidad de vida, a partir de modelos sustentables admirados y replicados en países como Suecia, con ideas que van desde la producción de biodiésel hasta el aprovechamiento máximo de residuos domiciliarios.

Institucionalizados todos, existen programas que resultan “trajes a la medida” de la población, previamente integrada e informada de los beneficios que supondrán sus nuevas obligaciones. Según expone Manuel Valencia, el jefe de la DIGA, todas las ideas encierran criterios comunes e irrenunciables: la efectiva participación de la ciudadanía, estándares de alta calidad y la característica de ser soluciones universales.

El precursor es un plan que permite la creación de 25.000 metros cuadrados anuales de áreas verdes. Son los propios vecinos quienes deben presentar proyectos, ganar un concurso para que el municipio les provea de los insumos, para luego trabajar en la construcción de la plaza los fines de semana y encargarse los primeros seis meses de su cuidado.

Ideas de exportación

Un tercio de los 54 mil hogares de La Pintana adhiere al programa de manejo integral de basura orgánica. Las 30 toneladas que se recolectan cada jornada se descomponen a través de las lombrices o bien el compostaje, que se realiza específicamente en una planta con pilas estáticas de volteo periódico.

A través de ello, la reducción alcanza hasta el 84 por ciento del peso original. Cuenta Manuel Valencia que el costo para cada tonelada no supera los tres dólares, una cifra ínfima especto de lo que demandan los servicios tradicionales, que van desde el transporte hasta las tarifas de los centros de acopio de desperdicios, sin contar el perjuicio ecológico.

“Tratar una tonelada de residuos por menos de un dólar, tal como acá lo hacemos con las lombricultura, es una cuestión inimaginable en cualquier parte del mundo”, cuenta con orgullo el funcionario, una fórmula que conoció y adoptó la firma sueca Borlänge Energi, según agrega.

Tan admirados son los programas de La Pintana que –según estima el responsable de la DIGA- la experiencia ha sido compartida con 5.000 visitas de diversa índole, que se han interiorizado con la gestión de la comuna, que se expresa también en un taller de mobiliario urbano y un centro de atención primaria para mascotas con precios muy asequibles.

El compromiso de la ciudadanía se explica, entre otros factores, por la lucha que colectivamente dio para conseguir una vivienda propia; la rica vida de barrio dada por las ocupaciones de sus habitantes y las campañas de difusión que el propio municipio realiza en terreno o con nuevos medios, como el canal de televisión local.

Potencial energético

La Municipalidad de La Pintana posee una flota propia de camiones recolectores cuya demanda diaria de carburante -450 litros – podría ser completamente cubierta a partir de 2010 gracias al reactor de biocombustible con el que cuenta el organismo y que se surte con el aceite usado en la cocina. ¿Su precio? Menos de 20 centavos de dólar por litro.

Se calcula que entre las dueñas de casa y todos los actores del sector alimentario bien podrían recogerse unos 5.000 litros cada día. Por lo mismo, las autoridades ya se han planteado la posibilidad de generar electricidad con los remanentes que queden de la sustancia tras satisfacer el consumo de sus vehículos pesados.

Por otro lado, la DIGA conserva un pantano fitodepurador, cuyos microorganismos y plantas acuáticas limpian aguas residuales, que luego se utilizan para el riego de espacios públicos y que permiten un ahorro de unos 100 mil dólares cada temporada.

Al interior de las propias dependencias de la dirección, un recorrido construido con fines didácticos, llamado “Eco Tour”, contempla varias estaciones con ejemplos de cómo materializar en el entorno familiar las buenas prácticas medioambientales, con huertos urbanos y una “casita eficiente” que incluye sus propios paneles solares, entre otras mejoras.