Niños chilenos potencian sus talentos con la robótica

Escolares de un centenar de establecimientos cursan talleres de la disciplina. Es tal el interés que un grupo de Santiago ganó el mundial.

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“¡Qué no pase a llevar los obstáculos!”, dice Martín Fuenzalida de 12 años. El robot que ha diseñado junto a sus compañeros es capaz de subir torres hechas con guías de números telefónicos, ingresar y salir de laberintos, acarrear objetos, trepar por sogas y  moverse cuando “escucha” un ruido. El desarrollo implica diseño y programación computacional. Y si no funciona, la construcción parte nuevamente desde cero.

Martín cursa el séptimo año y como muchos otros estudiantes del colegio San Ignacio participa en los talleres de robótica. La disciplina experimenta una verdadera fiebre en Chile. Más de cien colegios, tanto privados como públicos, compiten hoy en diversos concursos de robótica, otros la han incorporado a su currículo extraprogramático. Muchas veces se forman equipos que compiten incluso internacionalmente.

Aparte del San Ignacio, hay otros establecimientos que concurren como el Instituto Nacional, Nocedal y Cumbres. La participación ha sido exitosa. Es así como en abril de este año, el elenco chileno de robótica Lego del Colegio Nocedal proveniente de la comuna de La Pintana  ganó en Atlanta, Estados Unidos, la categoría mundial de Innovación Tecnológica. Su invento consistió en un sofisticado sistema de riego automático con energía solar.

El ambiente que se vive en el taller del Colegio San Ignacio es de colaboración y de camaradería. “Los estudiantes trabajan diseñando el robot, construyéndolo y luego programándolo con un computador, para finalmente probarlo y evaluarlo”, cuenta Pablo Torres, profesor y físico que dirige la actividad. La evaluación es grupal. “Se analiza si se cumplieron los objetivos y también las soluciones más creativas y eficientes”, añade. Los estudiantes utilizan la propuesta de Lego Mindstorm Education, que consiste en el uso de kits de lego para que los chicos trabajen en el diseño de robots.

En las competencias internacionales en las que ha participado el San Ignacio la propuesta del colegio ha sido también ecológica. “Nuestros temas han sido la instalación de paneles solares en uno de los edificios del colegio, que al final se tradujo en una campaña de utilización eficiente de la energía ya instalada; y el otro fue la producción de clones a través de micropropagación de árboles nativos adaptados a zonas semi desérticas, para la reforestación y manejo de cuencas hidrográficas”, cuenta Torres.

Los torneos, nacionales e internacionales, también son un estímulo que les ha permitido a los estudiantes conocer y participar con otros colegios y compartir experiencias. Incluso se ha generado una comunidad a nivel nacional de aficionados a la disciplina. Se trata de un centenar de niños que se han interesado por profundizar en esta área, que mezcla ciencia, innovación, creatividad, trabajo en equipo, dentro de un amplio espectro de habilidades que son altamente requeridas en la sociedad actual.

Algunos como Juan Pablo Rodríguez, que se apoda “el Zorro” y cursa el segundo año de la secundaria, también participa en CorazóndeChileno.cl, el primer equipo chileno que participa en FRC (FIRST Robotics Competition), programa educativo de la fundación norteamericana FIRST que tiene como objetivo reunir a diversas comunidades tecnológicas en torno a una competencia de robótica.

Aporte universitario

La Facultad de Ingeniería de la Universidad Andrés Bello creó en 2005 el torneo Interescolar de Robótica Educativa. Según Álvaro Álvarez, coordinador general del Grupo de Tecnología Educativa, el evento se ha realizado con la participaciones de cientos de alumnos de todo el país. El semillero de competidores está en los talleres que la misma universidad ha desarrollado en diferentes colegios a lo largo de Chile.

“Con ayuda de fondos estatales del programa Explora-Conicyt hemos recorrido varias ciudades del país capacitando a alumnos y profesores e incentivándoles a la creación de sus propias comunidades y talleres de robótica”, cuenta.

Entre los establecimientos beneficiados también se encuentran algunas escuelas hospitalarias y oncológicas de los sanatorios Doctor Sótero del Río y Exequiel González cortés. Esta iniciativa se ha desarrollado también con la colaboración de la Fundación Nuestros Hijos. La robótica en estos casos se transforma en un poderoso aliado anímico para los menores que luchan contra enfermedades.