El vino chileno

Tierra y clima se dan la mano para producir vinos que conquistan a expertos catadores y a ciudadanos de todo el mundo.

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El vino chileno es de exportación, motivo de fiestas y atractivas rutas turísticas. En pocas palabras, por su gran calidad hay buenas y múltiples razones para brindar por el vino chileno.

En 2008, el vino Clos Apalta 2005, de la viña Casa Lapostolle, fue elegido el mejor del mundo por la revista especializada norteamericana Wine Spectator. La industria ha situado a Chile como undécimo productor y quinto exportador a nivel mundial. Tal presencia internacional responde a una antigua tradición de producción. En cada botella hay cultura que habla de una geografía, un clima, emprendimientos y personas que trabajan y viven en torno a los productos que ofrece la uva.

Por este motivo, entre las fiestas típicas destacan las fiestas de la vendimia, y son ya tradicionales las rutas del vino en diversas localidades del valle central. En estas rutas los turistas pueden conocer de cerca los procesos de producción y degustar la variedad de cepas, al tiempo que recorren la zona en el tren del vino desde San Fernando a Santa Cruz. Precisamente en el valle de Colchagua se encuentran los mejores viñedos del país. Pero también se producen excelentes vinos en Atacama, Coquimbo, el Valle Central y la zona sur.

Conexión francesa

Expresiones como Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot, Malbec, Sauvignon Blanc y Sèmillon, caracterizan la industria chilena del vino y hacen evidente la influencia de la cultura francesa. Entre los expertos galos que llegaron en el siglo XIX, destaca Claudio Gay, botánico y naturalista, autor del Atlas de Gay, quien estudió la flora, la fauna, la geografía y la geología del país.

Los franceses aportaron a la modernización de la producción del vino y trajeron cepas Cabernet Sauvignon, Cot o Malbec, Riesling, y otras antes mencionadas; promovieron el cultivo de variedades de uva francesas, el refinamiento de los ensambles y las técnicas de maduración. Se trata de una conexión francesa con resultados que están a la vista y en el paladar de expertos y de aficionados.

A los mejoramientos en el tratamiento de las viñas, se sumó la incorporación de elementos técnicos que permitieron la producción local de champaña. Sin embargo, mucho antes del aporte francés,  los españoles habían traído las primeras vides a Chile alrededor de 1550. Fueron cultivadas en el Valle Central, en los alrededores de Santiago, zona de clima mediterráneo con las estaciones del año claramente definidas.

Con el paso del tiempo, el mestizaje productivo y la experimentación dieron vida a las cepas chilenas, que han tenido un singular reconocimiento a su calidad. Por ejemplo, la cepa Carménère que se extinguió en Europa, logró sobrevivir en el país. La inversión en las cepas chilenas ha derivado en la introducción de modernas tecnologías, regulaciones legales, clasificaciones y denominaciones de origen, que han facilitado la producción de vinos de exportación que prestigian al país.

Más informaciones sobre vinos se encuentra en el sitio de la Asociación Wines of Chile.