Un bosque en miniatura para descubrir en la isla Navarino

Entre enormes árboles de lengas aparece un mundo microscópico de gran diversidad y que es uno de los patrimonios naturales de la Patagonia. Un miscrocosmos que se descubre con lupa en mano.

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Jorge López Orozco

Bajo el amparo de enormes árboles imantado por el frío imperioso, el lente de una lupa que sostenemos en la mano aumenta la belleza del bosque en miniatura. Estamos en el Parque Etnobotánico Omora de la austral isla Navarino, observando el micro universo compuesto por musgos, hepáticas y líquenes que se desarrolla sobre la corteza de un árbol. La experiencia de encontrarse con esta vida tan pequeña nos llena de asombro. No es difícil adivinar porque este micro bosque esté considerado como uno de los mayores tesoros de la Patagonia.

La ínsula es uno de los últimos territorios patagónicos antes de los gélidos mares australes que separan al continente americano de la Antártica. En esa latitud extrema, la naturaleza se yergue imponente. Montañas con forma de mandíbula nevada, como los Dientes de Navarino, son el hogar de un milagro que la lupa descubre.

A cuatro kilómetros al oeste de Puerto Williams, el pueblo más austral del mundo en el que viven sólo dos mil personas, se ubica el parque. La belleza de la ruta por la cual hay que transitar para llegar hace comprensible la reconocida fama internacional con la que cuentan estos parajes naturales. A mano derecha aparece el canal de Beagle, brazo de mar en que se unen los océanos Atlántico y Pacífico, con bahías y playas desiertas que dan a la ribera norte: Tierra del Fuego. Por la izquierda los bosques de lengas, caracterizados por sus largos troncos y verde follaje durante la época cálida, se entrelazan y dejan claros por donde se divisa la cordillera patagónica.

La temperatura es baja, unos 7 grados como máxima en verano sumado al viento gélido y omnipresente hielan la piel. La comuna más septentrional de Chile pareciera un paraíso virgen pocamente intervenido por el ser humano. No obstante la relación de esta geografía y el hombre es de larga data. Se estima que los primeros pobladores de este territorio llegaron hace seis mil años. Eran los yámanas, grandes navegantes que destacaban por una espiritualidad compleja, caracterizada por bellos mitos.

Nómades canoeros y cazadores-recolectores marinos, vivían fundamentalmente de la pesca y recolección de moluscos, de la caza de focas, nutrias o coipos, pingüinos y peces de gran tamaño. El uso de canoas, el manejo del fuego y una gran resistencia a la inclemencia climática fueron sus aliados. Hoy los descendientes viven en las cercanías de Puerto Williams y suman casi un centenar.

Caminando por Omora

El Parque Etnobotánico Omora es el mundo de la lupa y de lo micro. Desde el 2001 es referente obligado de quienes se interesan en la temática medioambiental debido a que la Fundación Omora, integrada por representantes de universidades norteamericanas y chilenas, consiguió la concesión de 400 hectáreas para realizar estudios biológicos de alto nivel.

“La función principal de este lugar es enlazar una adecuada relación entre los componentes humanos y naturales, el hombre no se puede separar de la naturaleza y viceversa. Esto ha sido así en Navarino desde hace miles de años”, nos explica el Dr. Cristopher Anderson, uno de los fundadores de esta iniciativa que nos da la bienvenida.

A la vista aparece un sendero que se interna en el bosque magallánico deciduo, compuesto por tres especies de nothofagus: el ñirre, la lenga y el coihue, a la que se suma la tundra en las partes más altas. La humedad del sector es alta, son pocos los días plenos de sol y las precipitaciones llegan a los 800 milímetros anuales, siendo precisamente este factor el que ha provocado el crecimiento de esta jungla en miniatura.

Para conocer Omora hay que caminar. El trekking es guiado por alguno de los estudiantes universitarios, nacionales e internacionales, que llegan al parque para realizar sus respectivos proyectos de investigación. La isla es célebre por su biodiversidad. El 2005 fue declarada reserva de la biosfera, en conjunto con Cabo de Hornos, por parte de la Unesco.

Micromundo

El silencio del bosque, su verdor y la tranquilidad que se siente en el seno de la naturaleza es la antesala de la más importante sección: el bosque en miniatura. El guía, Enrique, quién cursa biología en Punta Arenas, nos acerca a mirar la corteza de un árbol. En esta se despliega una pequeña alfombra verde de diferentes texturas y tonalidades. Es un sector poblado por musgos y líquenes. A simple vista no asombra demasiado.

Es acá donde nos entregan la lupa y comienza otra mirada. Enrique es metódico en su explicación. Nos devela a decenas de tipos de flora que crecen en un pequeñísimo espacio. Esta relación biótica fue lo que sorprendió a los estudiosos y que, a través de una serie de investigaciones, generó la certeza de la importancia en la preservación del ecosistema de la isla Navarino.

“Esto es el Amazonas, pero enano”, dice el Dr. Anderson. La aseveración es pertinente debido a que en la isla habita entre el 5 a 7% de líquenes y musgos del total mundial una relación similar a la que tiene la selva latinoamericana en el total planetario. La clase continúa: “Un árbol puede tener 50 tipos diferentes de musgos o líquenes que crecen en promedio 0,1 milímetros por año. La nada. O casi”.

Con la lente de aumento en mano se analizan las diferencias entre las especies y nos señalan las propiedades  homeopáticas que poseen y que están en constante estudio para su utilización médica. La capacidad de este tipo de flora es notable y tiene una directa relación como predictor del calentamiento global y del nivel de derretimiento de los glaciares patagónicos. Cuando la roca pierde el hielo los primeros colonos son los musgos y líquenes. Así de importante.

El Repique del Carpintero

Durante unos 90 minutos nos adentramos en el ecosistema local. En la ruta es posible aprender desde las diferencias arbóreas hasta el reconocimiento de las aves residentes.  La Bahía del Róbalo, lugar en que se ubica Omora, tiene decenas de especies voladoras, siendo el avistamiento más significativo el del Carpintero Grande (Campephilus magellanicus), ave emblemática de la ínsula.

El golpeteo del pico del animal contra la madera seca, tan característica de los carpinteros, acompaña el camino. Cada cierto trecho de metros hay una serie de pequeñas casitas de aves, nos explican que es parte del monitoreo que realiza la UMAG (Universidad de Magallanes) y que ha posibilitado más de seis mil capturas y un enorme caudal informativo a los científicos. Hay mucho por estudiar en la naturaleza insular.

Nos detenemos ante un canelo: “La corteza de este árbol tiene componentes para sanar el escorbuto, los yámanas lo descubrieron mucho antes que los estudios actuales”, cuenta Enrique realzando todo lo que se sabe recién de este lugar.

La observación y la charla podrían ser largas. Este rincón del planeta está aún en pleno estudio y no han sido develados todos los misterios que esconde esta tierra perdida. Una invitación poderosa y abierta a quienes aún creen en que la Tierra es un lugar por explorar.

¿Cómo Llegar?
1. Aire: Punta Arenas- Pto Williams. DAP, O´Higgins 891, Punta Arenas, Tel. 61-616100, ventas@aeroviasdap.cl www.dap.cl
Punta Arenas- Puerto Williams: 10:00  Puerto Williams- Punta Arenas: 11:30 (Vuelo diario, excepto domingo)
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