Educación infantil intercultural en Chile

Ya existen más de 100 establecimientos educativos que incorporan ritos, costumbres y una cosmovisión de los pueblos indígenas en sus planes de formación preescolar.

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Chile es un país multicultural. Sus pueblos originarios están representados por diversas etnias como la aymara, atacameña, colla, diaguita, quechua, rapa nui, mapuche, kawashkar y yagán, además de pueblos extintos como los changos, chonos y onas.

A partir de esta realidad, instituciones públicas y privadas trabajan para abrir espacios de diversidad cultural para niños y niñas. El objetivo no es sólo fortalecer la identidad y autoestima, sino también educar en el conocimiento y respeto de los pueblos indígenas.

A la fecha, más de un centenar de establecimientos educativos para niños desarrolla en Chile programas de este tipo. Se trata de los Jardines Interculturales, un proyecto desarrollado por la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI) y la Fundación Integra, que además de impartir sistemas tradicionales de enseñanza preescolar, transmite a los niños elementos culturales de las etnias indígenas del país, como el idioma de sus ancestros, sus ritos, mitos, alimentación, música y cosmovisión.

A través de una educación bilingüe, enseñada en su mayoría por jóvenes indígenas, los niños aprenden palabras y frases en mapudungún, aymará y rapa nui, entre otras lenguas indígenas. Un aspecto importante es el respeto por la naturaleza, pues forma parte de la cosmovisión de las culturas originarias.

 
Por ejemplo, en algunos establecimientos se enseña a cultivar hierbas y a identificar su uso medicinal, y a realizar prácticas ecológicas como el reciclaje. También, los niños y niñas  tienen la oportunidad de conocer alimentos nativos como la quínoa del norte aymará, y el mudai, catuto (masa de trigo) y sopaipilla mapuche.

Pero eso no es todo. Muchos de los jardines han incorporado la cosmovisión indígena en su arquitectura. En la Región Metropolitana, el mejor ejemplo es el Jardín Kim Ruka, que tiene la forma ovalada de una ruca. Su techo está inspirado en las balsas pascuenses con orificios para llamar a las energías positivas, y en su patio está representada la Cruz de Chacana de los aymaras.

Debido a la exitosa experiencia del proyecto, la JUNJI pretende amplicar el enfoque intercultural a todos los jardines. “Crecer en un Jardin Intercultural muchas veces es más beneficioso para los niños no indígenas, inmigrantes o hijos de refugiados, porque tienen la posibilidad de conocer otras culturas y ampliar su visión del mundo”, afirma Emma Maldonado, la Encargada de Interculturalidad del Departamento Técnico de la JUNJI.