El boom de la producción de aceite de oliva en Chile

 Desde que fue reconocida por la más importante guía mundial de aceites hace cuatro años, la industria chilena no ha parado de crecer en calidad, volumen y prestigio.

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Un par de décadas atrás, el vino chileno experimentó un explosivo crecimiento que posicionó al país como el 10º mayor productor a nivel mundial en la actualidad, según datos de la International Organisation of Vine and Wine (OIV). Hoy, replicando el exitoso camino del vino, un nuevo producto se asoma como la próxima estrella chilena en las mesas de todo el mundo: el aceite de oliva.

De hecho, “en Chile se está experimentado un aumento importante en la producción de aceite de oliva extra virgen, pasando de producir 1.000 toneladas el 2003 a 8.500 en el 2009 y con una proyección de 35.000 para el año 2015″, precisa Juan Pablo Barrios, presidente de ChileOliva, una organización que agrupa a los principales productores locales.

El clima mediterráneo templado y los fértiles suelos del centro y norte chico de Chile -entre la III y la VII Región- son un escenario perfecto para la producción de aceite de oliva de gran calidad. Ya en el siglo XVI existían plantaciones de olivos en el país, que se extendieron desde el Valle del Limarí por el norte hasta el Río Biobío por el sur. En un comienzo, su elaboración era netamente artesanal, pero desde 1950 la industria comenzó un proceso de profesionalización que aún no se detiene.

Barrios aclara que la tierra y el clima favorecidos no son las únicas ventajas de Chile para la producción de este nutritivo producto. “Otro factor importante es que Chile es un país productor y exportador de productos agroindustriales y conoce de esto, y adicionalmente cuenta con tratados de libre comercio firmados con 56 naciones, una gran oportunidad a la hora de pensar en dónde colocar toda esta producción”, sostiene el empresario.

El hito de la producción moderna de aceite de oliva en Chile ocurrió en 2005, cuando la Asociación Nacional de Productores de Aceitunas y Aceite de Oliva de Chile fue reconocida por L’Extravergine, la más importante guía de aceites recurrida por restaurantes y maestros de cocina de todo el globo. Desde entonces, la producción chilena es cada vez más reconocida en el exterior.

Entre enero y septiembre de 2009, Chile ha exportado 1.342 toneladas de aceite de oliva, lo que representa un aumento del 144% con respecto al mismo periodo del año pasado. “El mayor desafío que enfrenta hoy la industria es el desafío de salir al mundo , es decir de crear los canales de distribución para llevar nuestros productos, con marca, a los distintos mercados y satisfacer las necesidades de los distintos consumidores de los mercados mas exigentes del mundo”, afirma Barrios.

La empresa Oliveros de Quepu es todo un caso de éxito dentro de la industria. Durante el 2009 la firma ha recibido nada menos que cuatro importantes premios internacionales por sus aceites: dos medallas de oro en el concurso L.A. County Fair en Estados Unidos y dos distinciones en el evento Orciolo D`Oro en Italia. Álvaro Cortese Fernández, gerente comercial de Oliveros de Quepu, destaca que en la compañía se han enfocado en la calidad de su aceite de oliva extra virgen y en el cuidadoso manejo de sus campos, ubicados en el Valle Pencahue de la VII Región.

Para que el aceite de oliva chileno llegue a las mesas de todo el mundo, el productor sostiene que “es clave actuar en bloque y tener una fuerte estrategia comunicacional y de imágen país, siguiendo por ejemplo los pasos de Wines of Chile (la asociación que promueve los vinos chilenos) a través de nuestra propia agrupación: ChileOliva”. Además, agrega que “se deben mantener políticas de producción limpia, sustentable y responsable con el medio ambiente, tal como lo hemos hecho en Oliveros de Quepu”.

En tanto, Juan Pablo Barrios destaca que el modelo del vino chileno es una excelente referencia, pues es una industria de gran tradición, con un largo camino recorrido y de un muy alto nivel profesional , que adicionalmente se desenvuelve con parámetros similares a los de la industria del aceite de oliva. “Debemos prestar mucha atención y aprender todo lo que podamos”, sostiene.

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