Chile triplica en cuatro años la inversión en Investigación y Desarrollo

Pese a la crisis económica global, en los últimos años el país se ha convertido en uno de los líderes de América Latina en I+D.

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En la sociedad del conocimiento, la Innovación y Desarrollo (I+D) son pilares fundamentales para un país que busca alcanzar el progreso. Conciente de esta realidad, el Estado de Chile implementó bajo la administración de Michelle Bachelet una política en la materia, cuyos resultados han sido existosos: en cuatro años, entre 2006 y 2010, Chile se convirtió en un referente para América Latina en I+D.

Con este objetivo en mente, el gobierno creó en 2006 el Fondo de Innovación para la Competitividad, con recursos provenientes del royalty minero, los que han permitido multiplicar por tres los dineros destinados a investigación en el periodo 2006-2010, cifra que equivale a US$ 700 millones en cuatro años sólo en inversión pública, monto histórico para el país destinado a Ciencia, Tecnología e Innovación. 

Además de este importante salto cuantitativo, en estos cuatro años se ha conseguido establecer una institucionalidad moderna y eficiente acorde a los desafíos del futuro, convirtiendo a la ciencia, tecnología e innovación en el camino para el desarrollo.

A diferencia de otras realidades, en Chile la coyuntura internacional fue aprovechada como una oportunidad para profundizar los avances en materia de Investigación y Desarrollo.

“La crisis trajo consigo una merma evidente en el aporte requerido por parte de los privados en los proyectos. Para ello, se establecieron los incentivos adecuados para que no cayera la tendencia en cuanto a la adjudicación de proyectos presentados a la fecha”, señala Orlando Jiménez jefe de Innovación del Ministerio de Economía, cartera encargada de profundizar la I+D. “Lo importante es que los recursos públicos destinados a Ciencia, Tecnología e Innovación no cayeron; muy por el contrario, el presupuesto para el año 2010 experimentó un alza real de 19%, lo que es inédito en un escenario de crisis”.

Así por ejemplo, en 2009 el país consiguió penetrar fuertemente en la exportación de servicios globales, actividad que en 12 meses significó US$ 1.000 millones, además de conseguir que las empresas internacionales centrarán sus ojos en Chile gracias a la buena conectividad y las adecuadas condiciones para hacer negocios, factores que habilitan a Chile como plataforma de desarrollo tecnológico.

No conforme con esta situación, la propia presidenta Bachelet en una de sus últimas giras, ya que en marzo de 2010 finaliza su mandato, firmó en Chennai India un convenio entre la Asociación de Empresas de Tecnologías de la Información con Nascom y otro con la asociación de industrias de tecnología de la información del país asiático. Paralelamente, un grupo de investigadortes chilenos trabaja en la concreción de una plataforma de bioprospección en la Antártica, proyectos todos que se enmarcan en el compromiso asumido en esta materia por la actual administración.

Los desafíos del futuro

La escasez de recursos privados señalada por Jiménez es el gran talón de aquiles con el que ha debido lidiar este proceso. Las autoridades del sector destacan el compromiso permanente de incrementar los recursos públicos destinados a I+D, aunque se asume que el gasto total como porcentaje del PIB se encuentra por debajo del uno por ciento.

De esta manera, todavía existe una brecha con países desarrollados como Finlandia, donde se invierte un 3,4 % del PIB o Canadá que destina el 2%, porcentaje similar a lo invertido por los países de la OCDE, organización a la que Chile ingresó recientemente. En ambos países sólo un tercio de los recursos proviene del sector público, mientras que en Chile el porcentaje es el doble. Pese a esta situación, Chile emerge como uno de los países que lidera la inversión en investigación, superando a otros países como Perú, Argentina y México, países  que también invierten en I+D en la región con el 0,1, 0,53 y 0,4% del PIB, respectivamente.

Así, el revolucinario proceso que experimentado el país se explica en gran medida como fruto de una apuesta de Estado que ha contado con la participación activa de importantes sectores de la sociedad. “Dentro de la administración de la Presidenta Bachelet se han buscado acuerdos nacionales, en donde participan representantes de todos los sectores. Un buen ejemplo es el Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad, conformado por académicos, investigadores y empresarios de distintas sensibilidades. Paralelamente, se han impulsado instrumentos y programas de colaboración como los consorcios tecnológicos empresariales, conformados por universidades y empresas”, indica Jiménez.

La tarea radica ahora en estimular la participación del sector privado, situación que permitiría a Chile alcanzar estándares similares a los de países desarrollados. El propio Jiménez reconoce esta realidad. “Debemos seguir apostando por la innovación como camino al desarrollo, pero el esfuerzo será estéril si no sumamos con fuerza al sector empresarial. Se debe incentivar la participación privada a partir de la generación de los incentivos adecuados que estimulen la I+D al interior de las empresas. Junto a ello, el Gobierno debe seguir trabajando para consolidar una institucionalidad moderna y eficiente al servicio de investigadores, académicos y para la sociedad en general”, concluye.