Discurso de la Presidenta Michelle Bachelet

Valdivia, 1 de Febrero de 2010

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Deseo comenzar esta intervención dando una calurosa bienvenida a todos los científicos provenientes de 22 países, que se han reunido en esta bella ciudad para discutir con rigor y pasión sobre el pasado, el presente y el futuro de los glaciares y las nieves de todo el mundo y del cambio climático que hoy se ha consolidado como un eje central del debate global.

Este acto inaugural del “Congreso Internacional de Hielo y Cambio Climático, una Mirada desde el Sur”, también constituye la primera actividad de la “carpa de la ciencia” del Centro de Estudios Científicos, y esto no es una coincidencia.

Las ciencias tienen algo de vivir a la intemperie, de vivir con más preguntas que respuestas, de aventurarse a explorar, expuestos a la naturaleza, para aprender de ella. Probablemente, sean los glaciólogos los que mejor entiendan esta referencia, y por ello estamos contentos de recibirlos aquí.

Esta carpa -edificada en sólo algunos meses-, es también una buena metáfora de nuestra dedicación por la ciencias y por la glaciología, pues sólo en 10 años nuestro país fue capaz de transformarse es un actor de esta disciplina y expandir significativamente nuestro aporte al entendimiento de los fenómenos geofísicos y del cambio climático.

Eso tampoco es una coincidencia para un país como Chile, puesto que la estremecedora belleza natural de nuestras grandes masas de hielo y la importancia estratégica de las nieves y glaciares para nuestro futuro, nos imponen -como nación y como miembros responsables de la comunidad internacional- la obligación de estudiarlos con rigurosidad y audacia.

Los glaciares y hielos de Chile son una preciosa herramienta para entender los cambios climáticos en el pasado y los que se desarrollan en la actualidad.

Sus cristales de hielo y su dinámica son testigos privilegiados de los cambios en el hemisferio sur y del planeta, y ahí residen importantes claves para comprender, predecir y asumir las responsabilidades que a todos nos competen frente a este fenómeno.

Chile está comprometido progresivamente con el estudio de su criósfera. Participa de investigaciones internacionales de primera línea en forma sostenida y responsable, de la misma manera que también lidera importantes proyectos de investigación en los Andes, la Patagonia y la Antártica.

Nada de esto habría sido posible en tan poco tiempo sin el sentido de propósito que los expedicionarios fueron capaces de trasmitir y conmover a diversos sectores e instituciones de nuestro país, sea en las expediciones de largo alcance con tractores sobre nieve con el Ejército, o en las exploraciones aerotransportadas con aviones de la Armada y Fuerza Aérea.

Estas iniciativas también fueron importantes para entender que cuando asumimos desafíos como una nación unida, somos capaces de grandes hazañas.

Y estas iniciativas también nos han brindado la posibilidad de redescubrir parte de nuestra identidad como una nación de exploradores, curiosos y entusiastas con la capacidad de aportar al mundo con nuestras ciencias.

Amigas y amigos:

Esta es la primera conferencia internacional de glaciología después de la Cumbre de Copenhague sobre Cambio Climático, y por ello es un momento oportuno para reafirmar la relevancia del aporte de la comunidad científica, y reconocer públicamente el rol decisivo que han jugado para que el mundo tomara conciencia sobre la gravedad del calentamiento global y la urgencia de adoptar decisiones para detenerlo.

La información que ustedes obtienen y las investigaciones que deben continuar realizando han sido y serán esenciales para fundamentar y hacer viables las difíciles decisiones que los líderes de todo el mundo tendremos que tomar en los próximos años y en las próximas décadas.

La política mundial necesita de predicciones más contundentes y precisas.

Necesitamos agregarle inteligencia a nuestra capacidad de adaptabilidad y a nuestros programas de mitigación.

Nunca podremos tomar decisiones difíciles si no están también fundadas en evidencia dura.

Y así como nada productivo puede derivarse de la negación del cambio climático, tampoco podemos simplemente resignarnos a un futuro apocalíptico, porque hoy más que nunca no podemos darnos el lujo de perder el optimismo.

Gracias al trabajo de los glaciólogos, hoy sabemos que en Chile hay cerca de 3 mil glaciares con una superficie de más de 21 mil kilómetros cuadrados de hielo, es decir, cerca del 80 % del área englaciada de Sudamérica.

Cerca del 90% de los glaciares estudiados en nuestro país experimentaron retrocesos frontales y pérdidas de áreas durante el siglo XX, lo que pareciera estar acelerándose, observándose mayores retrocesos y adelgazamientos en décadas recientes.

El cuarto reporte del Panel Intergubernamental de Cambio Climático, publicado el 2007, hizo una serie de proyecciones sobre cambios climáticos y efectos para la humanidad. Entre estas proyecciones, se determinó que el aumento del nivel del mar se debía a tres componentes, siendo el principal la expansión termal del océano.

Datos más recientes, indican que las predicciones del IPCC están subestimando el aumento del nivel del mar y que este será mayor al límite máximo pronosticado, pudiendo llegar a más de 80 centímetros en 100 años. De igual forma, hay un creciente consenso de que la contribución de los glaciares y de los casquetes polares está superando a la expansión termal del océano.

La Antártica tiene un balance negativo y está contribuyendo al aumento del nivel del mar, debido a pérdidas de masa significativas en la Antártica Occidental (glaciares Pine Island y Thwaites), así como en la Península Antártica y en partes limitadas de su zona Oriental.

En la Península Antártica se han producido crecientes retrocesos de glaciares y colapsos parciales de plataformas de hielo flotante, como la pérdida de más de 600 kilómetros cuadrados en los últimos años desde la plataforma de Wilkins. Glaciares que alimentaban aquellas plataformas colapsadas, han seguido adelgazándose.

El gobierno de Chile ha estado abordando el problema del calentamiento global y el retroceso y pérdida gradual de nuestros glaciares en varios niveles.

A nivel multilateral, Chile ha planteado abiertamente la necesidad de un nuevo acuerdo global basado en el principio de las responsabilidades compartidas pero diferenciadas, y ha subrayado la necesidad de compromisos ambiciosos tanto de reducción de emisiones por parte de los países desarrollados, como de transferencia tecnológica y financiamiento para la adaptación de los países en desarrollo.

Chile ha sostenido también que, si se dan las condiciones anteriores, los países en desarrollo, especialmente los emergentes más avanzados, pueden avanzar hacia objetivos voluntarios de limitación más exigentes que los actuales.

La Cumbre de Copenhague no fue capaz de alcanzar los resultados esperados, pero demostró que el cambio climático se ha instalado en el centro de la política internacional y que el proceso conducente hacia un nuevo acuerdo vinculante debe continuar a la brevedad.

También quisiera destacar que durante estos años hemos dado pasos históricos como país para avanzar hacia una economía sustentable ambientalmente, porque durante mi gobierno pusimos en marcha una nueva institucionalidad ambiental.

Esta incluye el recientemente aprobado Ministerio de Medio Ambiente, una Superintendencia del Medio Ambiente, con fuertes facultades fiscalizadoras; el Servicio de Evaluación Ambiental, a cargo de la gestión de las autorizaciones ambientales; el Tribunal Ambiental -cuya aprobación está pendiente-, y el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad, como organismo de deliberación de la política pública.

Junto a la creación de la nueva institucionalidad ambiental, pusimos en marcha el Plan Nacional de Cambio Climático, una de cuyas dimensiones ha sido el desarrollo de mayor conocimiento en materia de glaciares, tanto por su condición de ecosistemas especiales como por la importancia en el ciclo hidrológico y como reservas estratégicas de agua dulce.

Por eso modificamos el Sistema de Evaluación del Impacto Ambiental en mayo de 2008, de manera de considerar especialmente la protección de nuestros glaciares; generamos un Registro Nacional de Glaciares; creamos una Unidad especial de Glaciología y Nieves en la Dirección General de Aguas, institucionalizando así conocimiento experto y tecnología al interior de la Administración del Estado; y estamos inventariando los glaciares de Chile.

De esta forma, hoy sabemos más sobre nuestros glaciares, y eso nos ha permitido poner en marcha una Política y una Estrategia Nacional de Glaciares para preservarlos y definir los requerimientos de información y de conocimiento necesarios para identificar los potenciales efectos de los cambios glaciares sobre las actividades humanas y el medio ambiente, y -a la inversa-, los efectos probables de actividades humanas en el comportamiento glaciar actual.

Esta estrategia está implementando también, un programa de monitoreo glaciar de detalle a ser aplicado a cuencas y zonas glaciológicas representativas de todo el país.

En su conjunto, estas políticas han producido cambios que hoy comienzan a ser reconocidos. La semana pasada, por ejemplo, fue dado a conocer en el Foro Económico Mundial el último Índice de Desempeño Ambiental, y en éste Chile escaló 13 lugares respecto al informe anterior, quedando en el lugar 16 entre 163 países.

Amigas y amigos:

No quisiera culminar estas palabras sin recordar, desde Valdivia, a Jens Wendt, geodesta del CECS, quien dio su vida por empujar las fronteras de nuestro conocimiento, y manifestar también nuestra alegría por el poder seguir contando con el precioso aporte científico de Anja, su mujer y compañera, cuya presencia en esta hermosa ciudad nos llena de orgullo, y constituye un reconocimiento de que nuestro país se ha ganado un lugar en el debate global sobre la glaciología y el cambio climático.

Por eso, por la memoria de Jens y de tantos otros, los invito entonces a debatir con rigor y pasión.

Somos muchos los que sabemos que contamos con vuestra entrega, porque hay mucho en juego. Estoy segura que contamos con ustedes.

Muchas gracias.