Víctor Jara

Sus temas son conocidos en todo el planeta. El recinto donde murió y hasta un asteroide llevan su nombre.

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Entre Marte y Júpiter, hay un asteroide, descubierto en 1973 por el astrofísico ruso Nikolai Stepanovich Chernykh, quien lo bautizó 2644 Víctor Jara, en un signo de admiración poco frecuente.

Días antes, el 11 de septiembre de ese año, Víctor Jara iba a cantar Manifiesto en la Universidad Técnica del Estado. En el acto debía hablar Salvador Allende, pero el Presidente no llegó.

El cantautor escuchó aquel día las últimas palabras del mandatario por radio, a raíz del golpe militar. La sublevación significó su detención, tortura y muerte en un gimnasio –llamado “estadio”- que actualmente lleva su nombre y es uno de los lugares más populares de Santiago para presentaciones artísticas.

Nacido en 1932, Jara escuchaba en su infancia la guitarra que tocaba su madre, Amanda, campesina de Ñuble, en el sur del país. Su padre, Manuel, era inquilino en un fundo. Ambos nombres son protagonistas de la canción “Te recuerdo, Amanda”, uno de sus temas más recordados.

La historia personal y colectiva está en sus canciones y en recopilaciones que son interpretadas en diversos idiomas por grandes artistas. Sus temas instrumentales, como “La partida“, ejecutado originalmente por Inti Illimani con instrumentos autóctonos, han sido llevados a la música electrónica y experimental por músicos de diversas latitudes y generaciones.

Víctor Jara se destacó además como director de teatro. Fue un innovador de la música popular y dirigió también al conjunto Quilapayún. Ejemplos de su estilo experimental son los discos “El derecho de vivir en paz” y “La población“, en los que colaboran colegas de diferentes tendencias.

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