Polo astronómico

Los inmejorables atributos de Chile congregan a prestigiosos científicos y los consorcios internacionales de vanguardia.

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Ha sido por las inmejorables condiciones geográficas, las ventajas en conectividad y el respaldo de una institución estatal es que Chile se ha transformado en un verdadero polo de crecimiento de la astronomía, que atrae a los más connotados centros de investigación, universidades, agencias intergubernamentales y sus respectivos profesionales.

Sucesivamente, el desierto de Atacama y el valle del Elqui, parajes ubicado en el norte del territorio, han sido elegidos como los destinos de instalación de los observatorios más potentes de la Tierra, como el Telescopio Muy Grande (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO) a fines del siglo pasado.

Y para el trascurso de la presente década, la entrada en operaciones del Gran Conjunto de Radiotelescopios de Atacama (ALMA), el Telescopio Gigante Magallánico (GMT) –del grupo liderado por la Carnegie Institution for Science- y el Telescopio Europeo Extremadamente Grande (E-ELT) confirmarán a Chile como la principal plataforma mundial de la investigación cósmica, con 60 astrónomos locales, 400 estudiantes de pre y posgrado y unas 800 personas trabajando en los grandes centros científicos, aproximadamente.

A modo de ejemplo, en este último proyecto, ESO precisamente consideró no sólo la “calidad astronómica” de la atmósfera chilena, sino también las “sinergias científicas y operacionales” que genera la presencia de todas las demás instalaciones.