Mercados santiaguinos: una fresca selección de tradiciones chilenas

Alrededor de la capital existen cientos de ferias libres que venden artículos esenciales para los Santiaguinos, tal como lo han hecho por muchos años.

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Un reciente estudio de la Universidad de Chile investigó el rol de las ferias libres en las distintas comunas y barrios de la capital chilena. El informe reveló que son nada menos que 398 de los mercados que se instalan en Santiago y sus alrededores cada semana, para abastecer a sus habitantes de productos locales frescos y variados cachureos.

Según el estudio, en las ferias libres participan 60 mil locales y 50 mil coleros, vendedores que ofrecen sus productos sobre mantas en la calle. En total, proporcionan empleo a 200 mil personas y son responsables del 70% de todas las ventas de frutas y verduras que se realizan en la ciudad. A diferencia de La Vega Central, el mercado permanente de la capital, los mercados libres no le exigen alquiler ni tarifas a los vendedores.

Una de las ferias libres más tradicionales de la cuidad es la de Peñalolén. Ésta se extiende por una serie de calles que ascienden a la Cordillera de los Andes, un gran muro verde blanco que se impone tras esta comuna. Comienza en la Avenida Grecia, una de las calles más importantes de la comuna, cerca de 10 minutos caminando de la estación Grecia de la línea 4 del Metro. Acá los comerciantes venden prácticamente de todo y atraen a cientos de compradores, algunos de paseo y otros que llegan a abastecerse para la semana.

La sección de alimentos de la feria de Peñalolén es una de las  más vibrantes. Ofrece frutas, verduras y mariscos a precios comparables con los de La Vega (que ya son bastante bajos) e incluso más bajos. Aunque los precios cambian regularmente con la demanda, se pueden encontrar, por ejemplo, tres kilos de pomelos por cerca de US$2 ($1.000 pesos chilenos).

Pero este mercado informal no sólo sirve para abastecerse de vegetales. También se ofrecen esde revistas y libros antiguos en varios idiomas, a ropa usada, piezas de computador, equipos de música y muebles, gran la mayoría por muy poco dinero. Aquí no se encuentran artesanías ni antigüedades finas, pero hurgueteando entre puestos se pueden encontrar artículos tan extraños como un mono mecánico parlanchín o un libro en inglés barato, lo que no es tan fácil de conseguir en Santiago.

Las comidas callejeras también tiene un rincón especial en estos mercados, con locales que ofrecen empanadas caseras, anticuchos, papas rellenas y platos de ceviche para disfrutar mientras uno pasea entre los puestos.

Los mercados callejeros se concentran principalmente en las comunas del sur -como Puente Alto, La Florida y Maipú- y en los alrededores del centro de la ciudad, donde siguen atrayendo a miles de visitantes, mientras que en los barrios más acomodados del oriente de la capital, ese lugar ha sido ocupado por los grandes supermercados.

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