Redescubriendo Santiago: una cabalgata por las montañas

Los Andes pueden parecer lejanos desde la dinámica capital de Chile, pero tras un corto viaje es posible cabalgar por las cumbres que rodean la ciudad.

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Sentados en sillas de montar parecidas a un sillón de piel de oveja, más cerca de las nubes que de la ciudad, es difícil creer que estamos sólo un poco más allá del alcance del Metro de Santiago. Esta es la magia de la capital chilena: una metrópolis moderna donde rascacielos brillantes se levantan al lado de estructuras coloniales a pocos minutos de los silvestres y nevados Andes.

Estamos a caballo, en un paseo por las verdes colinas de los Andes que descienden hacia el este de Santiago. La hacienda donde se encuentra Cabalgatas Santiago se ubica en el borde de las comunas de La Reina y Las Condes, donde el ruido y el bullicio del centro dan paso a amplias avenidas, lindos complejos de apartamentos, zonas de juegos infantiles y filas de encantadoras casas de un piso que caracterizan a este barrio residencial de la ciudad.

Rumbo a la naturaleza

Para un extranjero, una cabalgata por las montañas a solo 35 minutos del centro de la ciudad es una experiencia tan extraña como encantadora. Se puede llegar con el eficiente transporte público tomando la línea 1 del Metro a la estación Los Dominicos y después un corto viaje en bus o taxi. Si viajaras por la misma cantidad de tiempo hacia las afueras de Londres o Nueva York aún estarías en la misma jungla urbana. Pero al bajarnos en la pequeña estación de bus en La Reina, encontramos huasos a caballo andando por las tierras campestres detrás de los árboles. Hoy es día de rodeo: nos encontramos a una hora del centro financiero y ya estamos en el campo.

De hecho, aquí no es donde nos dirigimos: Cabalgatas Santiago se encuentra más allá donde el asfalto se convierte en una calle de tierra. Pasando por la vegetación fresca debido a las ocasionales lluvias de primavera, llegamos a un amplio granero de madera con caballos atados afuera en el sol.

“Los caballos son mi pasión”

Nos recibe Nina Stumpf, una alemana delgada, amigable y sencilla quién maneja Cabalgatas Santiago. Se mudó a Chile hace 12 años con su marido y sus dos hijos, la familia se enamoró del lugar y ha vivido aquí desde entonces. Hace cuatro años Nina, a quién siempre le han encantado los caballos, empezó su propio negocio de cabalgatas, las únicas tan fácilmente accesibles desde el centro de la ciudad.

“Los caballos son mi pasión”, dice Nina, quién compra, cría y entrena sus propios animales y actualmente tiene dos potros recién nacidos corriendo por el corral y otra cría en camino. “He vivido y trabajado con ellos por 30 años. En Santiago puedo estar cerca de mis caballos y del increíble paisaje natural. Para compartirlo, formé este negocio ofreciendo cabalgatas y clases de equitación”.

En clases y en el cerro

Los caballos de Nina son todos criollos nativos chilenos, son dulces e inteligentes y se sienten tan cómodos en la media luna de rodeo como en los senderos de las montañas. “Los caballos chilenos son maravillosos”, dice Nina. “Son rápidos y fuertes, muy ágiles en las montañas por la cordillera, y tienen un carácter excelente”.

Los caballos son tan tranquilos y adaptables que Nina organiza paseos y clases para niños desde los 8 años como también para adultos principiantes. Un curso de cuatro clases de una hora realizado en la circunferencia de equitación cuesta $50.000 pesos chilenos (US$120) por niño, con cursos para adultos también disponibles.

Los paseos de montaña varían entre $20.000 pesos chilenos (US$40) por persona por un paseo de dos horas a través de las verdes colinas de los Andes, a $90.000 pesos chilenos (US$185) por un paseo privado de todo el día por los valles donde se pueden ver águilas, zorros y cóndores. Para los aventureros, hay cabalgatas nocturnas y paseos de camping por la noche, siempre que el clima lo permita.

Santiago desde arriba

Hoy estamos haciendo un viaje de dos horas por los cerros sobre Las Condes. Los caballos suben por un empinado camino durante los primeros quince minutos hasta que el sendero se nivela y volteamos a ver todo Santiago extendiéndose por debajo de nosotros. Es una vista única, mucho más espectacular que las tradicionales panorámicas desde los cerros Santa Lucía y San Cristóbal, en el centro de la ciudad. A nuestra derecha se encuentra el exclusivo barrio de Vitacura, donde una solitaria ventana de un rascacielos refleja el sol y brilla como una estrella en la tarde, y por delante se extienden las largas calles y parques de La Reina y de la comuna vecina de Ñuñoa.

Tenemos principiantes y jinetes con experiencia en nuestro grupo, así que por la mayoría del tiempo nos movemos a un paso constante, pero a medida que el sendero se ensancha más arriba en el cerro, decidimos galopar. “Es mucho más fácil que el trote”, nos asegura Nina. “Las monturas son mucho más cómodas que las inglesas”. Y es verdad – andar por el valle con el viento y el sol en nuestras caras y los caballos corriendo, se siente fantástico.

Los Andes son parte del escenario de Santiago y cuando se vive en la ciudad, pueden ser simplemente lindos y asombrosos paisajes que siempre están ahí, a la distancia, lejos de la existencia urbana. Esta es la manera de redescubrirlos: salgan a La Reina, suban a un caballo y cabalguen por las montañas. Después de cinco minutos entre las rocas y las águilas recordarán dónde están exactamente cuando están en Santiago: al costado de la columna vertebral de la cordillera más larga del mundo, un icono de América del Sur.

Para más información, visite www.cabalgatasantiago.com

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