El aporte de la sangre joven al vino chileno

Jóvenes estudiantes del Valle de Colchagua se preparan para potenciar el mercado del vino, principal motor económico de la zona, aprendiendo los secretos de su producción desde el colegio.

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Con una producción anual de 200 botellas y bajo el sugerente nombre de “Sangre joven”, un grupo de estudiantes de la Escuela de Lolol participa de un novedoso proyecto de producción de vino.

La idea del establecimiento ubicado en el Valle de Colchagua, a 170 km al suroeste de Santiago, es ofrecer un programa para que los estudiantes conozcan en la práctica las principales características de la viticultura.

Luego de una exposición de escuelas de agricultura, en la que jóvenes y profesores de la Escuela de Lolol conocieron la forma en que se producía vino, surgió la curiosidad de ver si era posible concretar una producción en el establecimiento. “La verdad es que a los alumnos les picó el amor propio y nos lanzamos”, explica Carlos Correa, coordinador del área técnica del colegio, al diario chileno El Mercurio.

Para el éxito del proyecto estudiantil se contó con el apoyo de la viñas locales Nelkihue y Santa Cruz, empresas que facilitan el equipamiento de maquinaria y barriles. El vino producido se ocupa en las ceremonias de fin de año y se le sirve a los padres y apoderados como una forma de celebrar los logros obtenidos.

La experiencia cuenta también con el apoyo de ex alumnos del colegio que ahora se desempeñan en las viñas citadas, quienes asesoran y comparten su experiencia con los inquietos secundarios.

“Al haber pasado por el proyecto de fabricación del vino me hizo adentrarme al tema y me gustó tanto que después de salir del colegio seguí en el mismo rubro”, explica José Luis Reyes, quien trabaja en la Viña Santa Cruz.

Algo más profesionalizada se aprecia en la experiencia que lleva adelante la Escuela Agrícola Las Garzas, de Chimbarongo. Allí cuentan con un laboratorio para el análisis, 35 hectáreas de viñedo desde donde consiguen la uva, máquinas y barricas propias para la elaboración de dos variedades, un cabernet llamado “Escuela Agrícola Las Garzas” y un vino de misa llamado “Don Alberto”.

Lo cierto es que desde hace tiempo la región de Colchagua goza de alto prestigio como un área de excelencia en la producción de vino chileno, obteniendo más de la mitad de las medallas concedidas a los productos vitivinícolas nacionales en las diversas ferias del mundo.

La idea principal de estas experiencias en colegios de la zona es fomentar una relación más extensa en el tiempo entre la comunidad y la industria vitivinícola, de manera que generación tras generación se vaya avanzando más en el profesionalismo, en el conocimiento y en la competitividad de la principal industria de la zona. “Ha sido muy bueno para los alumnos haber pasado por esta experiencia”, subraya el profesor Correa en la prensa.

Es que no cabe duda que la sangre joven debe seguir dotando de energías a la producción de vinos, que se ubica entre los principales productos de exportación nacional junto al cobre y las frutas.

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