Se masifica tecnología antisísmica desarrollada por firma chilena

Eficiencia y bajo costo han significado que incluso países como Perú, Ecuador y México se interesen por la empresa Sirve.

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El terremoto 8,8 grados del 27 de febrero del 2010 fue el escenario perfecto para poner a prueba la tecnología sísmica aplicada en las construcciones de Chile. Es el caso de los dispositivos desarrollados por el equipo de ingenieros liderados por Juan Carlos de la Llera, los que mostraron una excelente respuesta en estructuras tan emblemáticas como la torre Titanium ­una de las más altas de Sudamérica- o el muelle de Coronel, ubicado en el mismo epicentro, que pudieron funcionar inmediatamente después del sismo.

Dada esta efectividad, la demanda por este tipo de tecnologías aumentó considerablemente. Antes del terremoto, sólo 13 construcciones contaban con estos dispositivos, mientras que hoy se aplican en 45 proyectos de diversa naturaleza, a lo largo del territorio nacional. Su alta eficiencia y bajo costo han significado que incluso países como Perú, Ecuador y México estén interesados en estas innovaciones de Sirve, la empresa creada por De la Llera y Carl Lüders en 2003.

La firma trabaja actualmente en la aislación sísmica de GNL Mejillones, un gigantesco estanque de gas licuado de más de 160 toneladas y 50 metros de alto, emplazado en la bahía de Mejillones y que debe cumplir con altos estándares de seguridad internacional. “En el norte de Chile, se desarrolla gran parte de la minería nacional, por lo que la creación de dispositivos antisísmicos para proteger estas construcciones es uno de nuestros principales desafíos”, explicó De la Llera, quien además es decano de la Facultad de Ingeniería de la UC.

Estos ingenieros también han presentado un anteproyecto de aislamiento sísmico tridimensional para el Extremely Large Telescope, uno de los telescopios más grandes del mundo, que será emplazado en las cercanías de la ciudad chilena de Antofagasta, donde a juicio de la comunidad científica existe un alto riesgo de sufrir un sismo de gran magnitud en los próximos años.

Además de estos megaproyectos, Sirve está desarrollando dispositivos de aislamiento para viviendas sociales. “Creemos que el bajo costo o la condición temporal de este tipo de construcciones no puede ser un impedimento para que no se diseñen con el mismo estándar sísmico del resto de las estructuras, por eso hemos desarrollados dispositivos específicos y de bajo costo para dar una solución a este problema”, agregó el ingeniero.

Tecnología made in Chile

Chile es uno de los países con mayor actividad sísmica del mundo, con al menos un evento de gran magnitud cada 10 años, tanto que desde su territorio se liberó 46,5% de toda la energía sísmica generada en el planeta durante el siglo XX. Esta condición es la que convierte a Chile en un verdadero laboratorio natural para la investigación y el desarrollo de tecnologías que mitiguen el impacto de esos fenómenos naturales.

Durante el sismo del 27 de febrero  -el sexto más grande en los últimos 200 años- sólo 1% de los edificios tuvo daños estructurales. Esto significó que la calidad la ingeniería nacional fuese reconocida por expertos de prestigiosas instituciones como las universidades de San Diego, Berkley y el MIT, además de Science, la publicación más importante en el ámbito científico.

A pesar de ello, los terremotos le cuestan a Chile US$ 1.000 millones en promedio al año. Esto, debido al alto porcentaje de daño no estructural que sufren construcciones esenciales o que contienen elementos de gran valor, como los observatorios astronómicos, las industrias, hospitales, puertos, carreteras y museos. “En este sentido hay casos emblemáticos como los daños en el Aeropuerto o en la industria vitivinícola, donde la rotura de contenedores y bodegas significó la pérdida de 120 mil litros de vino, con un costo aproximado 50 millones de dólares”, señaló el decano de Ingeniería de la UC.

Reconocimiento externo

La tecnología desarrollada por los ingenieros de Sirve reduce específicamente este tipo de daños, a través de dos especies de dispositivos: los de aislación sísmica y los de disipación de energía. Los primeros –para edificios de baja altura- separan la estructura del suelo impidiendo el paso de la energía y reduciendo considerablemente los esfuerzos y deformaciones. Los segundos, para edificaciones de más de 10 pisos, captan parte de la energía del sismo, la acumulan en forma de calor, y luego la liberan gradualmente al ambiente.

Hoy este tipo de tecnología está siendo incorporada  en la construcción de todos los nuevos hospitales públicos del país. “Podríamos decir que en Chile ha habido un cambio en la política pública y se ha creado la conciencia de la necesidad de proteger construcciones tan sensibles como estas”, aclaró De la Llera.

El gran aporte que ha significado las innovaciones desarrolladas por estos chilenos fue reconocido por Endeavor, organismo que destacó a De la Llera como el emprendedor del año entre más de 1.000 proyectos de 12 países, en una ceremonia realizada en julio en Silicon Valley, Estados Unidos.

Imágenes: cortesía Pedro Peanno