Simplemente, el número uno

Marcelo Ríos

El niño más terrible del deporte chileno fue el primer iberoamericano en ocupar el trono del tenis mundial, merced a su genial zurda.

viernes, 21 de agosto de 2009 Categoría: Turismo - Deportes
Marcelo Ríos (Photo:Chiledeportes)

Jamás existirá consenso respecto de los sentimientos que el chileno Marcelo Ríos despierta entre el público de todo el orbe. Sin embargo, nadie podrá negar su talento único y sus inmensos logros: fue el mejor en todas las divisiones del tenis mundial, como juvenil, adulto y veterano

Nacido el 26 de diciembre de 1975, manifestó desde muy pequeño su interés por las raquetas, sobre todo gracias a que su hogar colindaba con un club ubicado en un acomodado sector de Santiago. Su débil contextura física guardaba una genialidad nunca veces vista sobre la arcilla del Sport Francés.

Las ricas condiciones técnicas del “Chino” –apodado así por sus ojos rasgados- motivaron a su familia a mudarse a Estados Unidos, para matricularlo en la academia del entrenador Nick Bolletieri en Florida. A los 17 años, ganó como junior el US Open y se despidió de dicha categoría como número uno del mundo.

En su primer año de circuito, se destacó no sólo por su menuda y juvenil apariencia, sino además por su exquisita técnica con la zurda, el golpe de revés a dos manos, sus veloces desplazamientos, el largo cabello tomado y protegido con gorra con la visera mirando hacia atrás y la antipatía que inspiraba entre algunos de sus pares, árbitros y parte de los medios de comunicación.

Nada de ello, sin embargo, impidió a principios de 1998 su exitoso asalto a la cima del ranking mundial, quizá la única mácula que exhibió el reinado que por seis años consecutivos ejerció el estadounidense Pete Sampras.

La calurosa tarde del domingo 29 de marzo de ese año, Ríos venció en la final del Masters 1000 de Miami al local Andre Agassi, sumó los puntos necesarios para ser el uno del mundo y desató un espontáneo carnaval callejero a lo largo de todo Chile. 10 mil personas congregaría en el centro de Santiago días más tarde su visita al Presidente Eduardo Frei en el edificio de gobierno.

Ríos nunca fue una persona políticamente correcta. Siempre lo supo y nunca le importó demasiado. Lo suyo era el juego exquisito, el mismo que le permitió quedarse con 18 torneos del ATP, casi 10 millones de dólares en premios y el título de la Copa del Mundo por Equipos en 2003, cuando lideró la escuadra compuesta por los no menos célebres Fernando González y Nicolás Massú.

Siendo aún muy joven, las lesiones le pasaron la cuenta al niño más terrible del deporte chileno y precipitaron su retiro a mediados de 2004. Pero a poco de cumplir los 30 años, deslumbró con 25 victorias en línea en el circuito de veteranos y obtuvo, como ningún otro jugador en la historia, su tercer número uno.

Fiel a su estilo, el “Chino” reside actualmente en Chile y, aunque conserva el bajo perfil, de vez en cuando hace noticia por organizar periódicamente partidos de exhibición con las estrellas del tenis del pasado y el presente.