Archipiélago de Juan Fernández

Tres islas de origen volcánico a 670 kilómetros de la costa chilena. Juan Fernández conmueve con su naturaleza endémica.

viernes, 10 de julio de 2009 Categoría: Destinos Top
Archipiélago de Juan Fernández Archipiélago de Juan Fernández (Photo: Turismo Chile)

Una larga historia tiene el archipiélago de Juan Fernández. Compuesto por tres ínsulas llenas de misterios, Robinson Crusoe, Santa Clara y, la más lejana, Alejandro Selkirk, sorprende con quebradas al borde del mar, espléndidas aguas para bucear y una población que habita el lugar poco más de un siglo. Estos son los  lugares más enigmáticos de la geografía chilena.

Destacan su naturaleza endémica, la trasparencia de sus aguas, ideales para el buceo; una gastronomía singular en la que destacan langostas y vidriolas, y San Juan Bautista , un pueblo de no más de 600 habitantes, receptivo y acogedor con los afuerinos. Sus paisajes ofrecen la posibilidad de experimentar caminatas realmente solitarias y el descubrimiento de sitios muy poco visitados, como la isla Alejandro Selkirk, ubicada a varias horas de navegación al oeste de la isla Robinson Crusoe.

Aún en pleno siglo XXI, sólo se llega a la zona en barcos mercantes o de la Armada y vía avioneta, los únicos medios que permiten arribar a una geografía escarpada, de grandes montes y acantilados de origen volcánico que tienen una data aproximada de dos millones de años. Declarada Reserva Mundial de la Biosfera por la Unesco, y Parque Nacional por el Estado de Chile, la naturaleza del archipiélago preserva una gran cantidad de especies endémicas.

El clima es marítimo subtropical, con alta humedad ambiental. El promedio anual de la temperatura es de 15 grados Celsius. Las lluvias se concentran en la época del invierno, entre mayo y septiembre. En verano también llueve, pero la temperatura es muy agradable. La mejor época para visitar Juan Fernández es entre noviembre y abril.

Náufragos, tesoros y batallas navales

Durante largas épocas no hubo población nativa comprobable. En  1534 el navegante lusitano Juan Fernández descubrió el conjunto del archipiélago al intentar una ruta de navegación que acortase el tramo entre los puertos del Callao, en Perú, y (Valparaíso). El 22 de noviembre de aquel lejano año arribó a la actual isla Robinson Crusoe, logrando que las islas pasaran a formar parte de los mapas marineros.

Usadas por corsarios y piratas como lugar de reabastecimiento de frutas y agua dulce, en el siglo XVIII acogió a su habitante más famoso: Alejandro Selkirk, quien fue abandonado en la isla tras una disputa con el capitán de su embarcación, y vivió solo por más de 4 años. Una vez rescatado y de regreso en Inglaterra, el relato de sus días de náufrago entre cabras y cerros, sirvió como inspiración para que Daniel Defoe escribiera la famosa novela Robinson Crusoe. Y hace pocos años, J.M. Coetzee, Premio Nobel de Literatura, escribió Foe, obra basada desde otro punto de vista en la misma historia.

La época de los corsarios también dejó un precioso tesoro que aún es buscado por aventureros y robots que detectan metal. El año 1714, un marino español de apellido Ubilla ocultó en los faldeos de la ínsula 80 barriles de oro y diamantes. Navegantes ingleses los encontraron y escondieron con tanto secreto que aún no hay quien los pueda encontrar. Es uno de los mitos de la isla.

La Robinson Crusoe fue usada como cárcel para un grupo de patriotas durante el período independentista y fue testigo del primer enfrentamiento naval de la 1ª Guerra Mundial entre la armada inglesa y alemana, que dejó como saldo el hundimiento del acorazado germano Dresden frente a la Bahía de Cumberland.

Naturaleza viva

El parque nacional tiene una superficie de 9.571 hectáreas. Comprende las islas de Santa Clara, Alejandro Selkirk y la mayor parte de la isla Robinson Crusoe.  Tal como lo describió Daniel Defoe, la isla Crusoe es un paraíso perdido.  Cerros imponentes, acantilados, cuevas marinas, y un eléctrico mar azul profundo hacen sentirse en un mundo mágico, diseñado por la madre naturaleza de una manera poco vista en el planeta.

El territorio posee una notable diversidad; existen 218 especies de flora nativa, 136 de ellas endémicas, lo que da a la isla un importante valor botánico y científico. En 1935, las tres islas fueron declaradas Parque Nacional Archipiélago de Juan Fernández y, en 1977,  Reserva Mundial de la Biosfera por la Unesco.

La flora y fauna de las islas es única en el mundo. Toda la vegetación que migró a estas islas hace 2 millones de años tiene semejanzas con la flora de otros lejanos lugares como Nueva Zelanda, Hawai, Magallanes y por cierto Los Andes. Las semillas llegaron por aire, agua o transportadas por aves, pero aquí evolucionaron de un modo singular.

Por su ubicación geográfica, lejos del continente, las islas son escala obligada de preciosas aves marinas migratorias como las delicadas fardelas. También estos terrenos son residencia permanente de diversas especies endémicas como el picaflor rojo que no se oculta para las cámaras ni siquiera en las calles del pueblo, o el Blindado, ave rapaz endémica de la isla Alejandro Selkirk. Dentro de las especies marinas  hay que destacar al lobo marino de dos pelos. Mención aparte y especial merece la langosta de Juan Fernández, que habita el fondo marino rocoso y es el principal sustento de los habitantes de Robinson Crusoe.

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