Un rockstar del fútbol

Jorge "Mago" Valdivia

El deportista chileno ha paseado sus trucos por las canchas de todos los continentes y tiene cartel de ídolo incluso en Brasil.

viernes, 24 de septiembre de 2010  
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En abril de 2006, Colo Colo y Universidad Católica animaban uno de los clásicos del fútbol chileno. A los 27 minutos del primer tiempo, el volante Jorge Valdivia corrió más de 50 metros, se acercó a una cámara de televisión y confesó un terrible secreto: “Lo digo antes: (el árbitro Rubén) Selman me amenazó que me iba a expulsar.  ¡Acuérdense!”. Pocos minutos después, el juez del partido le mostraba la tarjeta roja al jugador por “conducta antideportiva”…

Episodios como ése retratan la personalidad del último rockstar del balompié chileno, uno a quien nadie reprocha cuando se calza la camiseta con el “10” en la espalda, la más sagrada en cualquier equipo de fútbol de Sudamérica, donde este deporte se vive con extrema pasión. Por eso es que la ha vestido en Colo Colo de Santiago, en la selección nacional de Chile y en Palmeiras de Brasil.

El “Mago”, como le apodan sus incondicionales por su exquisita técnica, nació de padres chilenos el 19 de octubre de 1983 en Maracaibo, Venezuela, desde donde la familia regresó a Santiago a mediados de la década de los 80.

Desde muy niño, exhibió un fuerte temperamento que le valió el apodo de “Loco” y una particular habilidad que exaspera a sus rivales. Valdivia no necesita los amagos de Robinho o las coreografías de Cristiano Ronaldo para esconder el balón y engañar repetidas veces en la misma jugada a sus marcadores, con regates que parecen tornarse infinitos, carreras que nunca arrancan o patadas al aire que despistan a defensas y arqueros.

El mediocampista se inició en las series infantiles de Colo Colo, el más popular de Chile, pero fue en Universidad de Concepción donde forjó su trayectoria como profesional. Durante 2003, la primera temporada del elenco del sur del país en la división de honor del balompié chileno, el joven Valdivia clasificó a su club a Copa Libertadores y Copa Sudamericana.

Desde Europa, Valdivia fue tentado por el Rayo Vallecano de España y el Servette de Suiza, pero no tuvo suerte en su primer periplo extranjero. De vuelta en Colo Colo y bajo la batuta del entrenador Claudio Borghi, conquistó el Torneo de Apertura 2006, cuando compartió con varios otros notables contemporáneos del fútbol chileno, como Claudio Bravo, Arturo Vidal, Matías Fernández y Humberto Suazo.

De pelo suelto o tomado, rubio u oscuro, con cola de caballo o trenzado, rasurado o con barba en su mentón, el gran salto del “Mago” vino cuando el club con más títulos de Brasil, Palmeiras de Sao Paulo, lo sumó a sus filas. Valdivia se convirtió en el capitán del equipo y la principal figura en el Campeonato Brasileirao 2007, cuando la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) lo reconoció como el mejor volante por izquierda y lo nominó en la terna en el premio Astro del Brasileirao.

Sin embargo, la verdadera consolidación del mediocampista llegó el año siguiente, cuando de la mano del ex DT de Real Madrid Vanderlei Luxemburgo obtuvo el Campeonato Paulista y fue unánimemente reconocido como el mejor jugador de su equipo y de todo el torneo.

Su éxito llamó la atención del Al Ain de Emiratos Árabes Unidos, que pagó 17 millones de euros para tenerlo por cuatro temporadas como su máxima estrella. Con tres títulos a cuestas y múltiples reconocimientos individuales, Valdivia fue uno de los protagonistas de la selección chilena en las clasificatorias para la Copa del Mundo Sudáfrica 2010.

En la justa del fútbol planetario, fue una de los jugadores más destacados del cuadro que adiestró Marcelo Bielsa, quien lo utilizó en los tres partidos de primera fase ante Honduras, Suiza y el campeón España, además del pleito por octavos de final contra Brasil. Su popularidad en Chile fue tal, que la camiseta con su apellido y número fue la tercera más vendida luego de la “7” de Alexis Sánchez y la “9” de Humberto Suazo. Por esos días, un exitoso comediante chileno lo imitó en una rutina de televisión, lo cual potenció su condición de ídolo. En el programa siguiente, ambos se encontraron en el set, en uno de los episodios más jocosos que recuerde la pantalla chica.

Posterior a la experiencia mundialista, el “Mago” decidió que su mujer, Daniela Aránguiz, y sus dos pequeños hijos, Agustina y Jorge Ignacio, retornaran a Sudamérica, luego de que Palmeiras desembolsara US$ 7,7 millones para tenerlo nuevamente en su plantel, la cuarta mayor suma que se haya pagado en Brasil por un jugador, luego de los argentinos Carlos Tévez, Javier Mascherano y el local Nilmar.

De regreso en Sao Paulo, Valdivia completó 100 partidos vistiendo el mismo número en la espalda de la camiseta verde de Palmeiras, en un claro guiño a la torcida –apelativo que se le da a la hinchada en Brasil- y, en paralelo, mirando con optimismo los próximos compromisos con la roja de Chile, a mediados de 2011 con la Copa América en Argentina.

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