Comida y bebida en la capital de Chile

Historia y tradición en un recorrido por restaurantes y bares de Santiago

La organización cultural Gestarte guía a visitantes por seis lugares tradicionales baratos y abundantes, un área patrimonial poco explorada del centro de la ciudad.

jueves, 14 de octubre de 2010  
La entrada a Las Tejas. La entrada a Las Tejas.

El primer día de cada mes, el grupo cultural de Santiago Gestarte organiza recorridos a pie por antiguos bares y restaurantes ubicados en calles al sur de la Alameda, la principal avenida del centro de la ciudad. Por $ 4,500 (US$ 9), los visitantes pueden unirse al grupo para una muestra del patrimonio gastronómico de la capital, que también incluye degustaciones.

 

El nombre del tour, La ruta de las picadas, se refiere a los tipos de comidas servidas en estos restaurantes. Abundante, simple, casera y barata, por sobre todo, las picadas sirven comida en acogedoras tabernas alrededor de la ciudad. La actividad incluye importantes lugares de encuentro para los santiaguinos y todos llevan más de 30 años de vida.

 

El rincón de los canallas, el lugar más famoso del recorrido, ha sido un clásico de Santiago desde sus días como un bar clandestino durante el toque de queda de la década de los 70 al cual se entra sólo con contraseña. Desde 1990, se fijó en “¡Chile libre, canallas!". Pareciera como si el pequeño comedor estuviese congelado en el tiempo, con las paredes cubiertas de periódicos y guirnaldas de banderas chilenas. Las pocas mesas que tiene están ocupadas por grupos de santiaguinos que ríen felices mientras comparten platos gigantes de carnes asadas y pitchers de Maremoto, la bebida de la casa.

 

Hoy en día, es necesario reservar una mesa si se desea ir en la noche, pero La ruta de las picadas ofrece la oportunidad de probar lo esencial, experimentando las tradiciones santiaguinas. Mientras se espera, cada uno recibe su propio vaso de Maremoto, una bebida dulce y sorprendentemente fuerte compuesta de vino blanco fortificado, helado de piña, duraznos y granadina.

 

De echo, el Maremoto es una variación del Terremoto, la clásica bebida chilena la cual los visitantes pueden probar en su última parada en Las Tejas. El Terremoto, una mezcla de vino blanco, helado de piña y una pizca de otra bebida alcohólica (a veces ron o Fernet, el licor de hierbas argentino) viene en un vaso plástico grande con una bombilla. Menos dulce que el Maremoto, el Terremoto está diseñado para entonar a cualquiera.

 

La ruidosa multitud de veinteañeros que llena el añoso local de Las Tejas, está al tanto de esto, mientras toman grandes cantidades de cerveza y de la bebida de la casa. Terminando aquí, los visitantes de la ruta se sientan y disfrutan de una bebida y de un sándwich de pernil. Hecho de carne de la pierna del puerco y enrollada con grasa, cocinada y rebanada, el pernil hace un buen sándwich para enfrentar el Terremoto. No se sorprenda si se encuentra quedándose hasta tarde después de que el tour ha terminado disfrutando de otra ronda con nuevos amigos.

 

Los otros lugares visitados en el recorrido, todos de entre 30 y 40 años de antigüedad de igual manera forman parte esencial y visiblemente próspera de la historia de Santiago. "Muchos piensan que patrimonio solo se refiere a edificios monumentales", dijo el guía turístico y representante de Gestarte, Nicolás Aguayo. "Nuestro grupo se inició con la idea de preservar un patrimonio que es menos tangible, un patrimonio vivo".

 

Como mencionan en Gestarte, el objetivo del tour es, por sobre todo, "pasar un buen rato, relajado y lleno de conversación". Los tours sólo se realizan en español, pero los eruditos guías y amigables participantes de todas las edades se aseguran de que la conversación fluya libremente independiente del idioma. Al final, La ruta de las picadas no preserva solamente el patrimonio gastronómico de Santiago, sino que más importante aún, las tradiciones chilenas de jovial hospitalidad que han mantenido estos bares y tabernas con vida durante décadas.

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