Tradiciones de Chile

Tejedoras de Chiloé: una tradición que resiste el paso del tiempo

Los habitante de la isla de Chiloé, en el extremo sur de Chile,  han trabajado durante siglo la ropa de lana para mantenerse abrigados durante los largos meses de invierno.

viernes, 04 de febrero de 2011  
 

Después de una reconfortante sopa de caldillo en el mercado central Dalcahue, en la costa este de la isla, una de las damas delantal blanco encargada de atender las mesas nos menciona una vieja tejedora que conoce. Otilia Bahamondes, nos dice, es algo más que una tejedora experta, es una maestra del oficio, conocida localmente como una de las artesanas más antiguas y consolidadas.

 

Otilia está lejos de ser la única. Ella es una de muchas arañas - como son conocidas localmente las tejedoras – que, trabajando silenciosas en los los refugios y albergues de la isla, hilan y tejen la lana en los hermosos colores naturales -marrón y negro- de las ovejas de Chiloé.

 

Un giro corto en la estatua de la Virgen María, y luego un trecho más largo a lo largo de un sinuoso camino a través de la verde campiña nos lleva a Puchauran, donde preguntamos por la casa de Otilia. Finalmente la encontramos encorvada sobre un telar, dentro de una rústica cabaña de madera rodeada de ovejas y gallinas.
 
Las manos de Otilia se mueven bruscamente sobre las capas de hilo extendidas a lo largo de dos durmientes de madera en el suelo. Ya ha esquilado la lana, la ha peinado, lavado y secado, ha hilado a mano y dispuesto todo en el telar. Ahora ha llegado a la etapa del tejido, que tardará 4 días para completar un chal, antes de ser enviado al mercado a Dalcahue, por un precio de venta de aproximadamente USD$ 20.
 
Las palabras y el lenguaje que utiliza para describir su trabajo son restos del pasado remoto de Chiloé. Han sido olvidadas y han quedado sin uso por parte de los usuarios de los más modernos telares de pedal. Muchos de los nombres que termina el distintivo 'hue' indica su origen mapuche.
 
Ñirehue: es un bastón que va por encima de los hilos que divide los hilos separados, dando a la tela el patrón distintivo y que hace chales de lana chilota a prueba de agua.

 

Paranpahue: es un bastón de madera con forma de cuchillo, utilizado para separar los dos niveles de rosca antes de chocar contra el nuevo hilo de la tela ya tejida.

 

Chamhes: mensajes en forma de V que van en toda la pieza de bobinas de tela.
 
"Ya nadie usa esas palabras" nos dice Otilia. "Es la manera de los viejos de nombrar a las cosas".

 

 Mientras sus manos trabajan de ida y vuelta, nos habla de su infancia en la isla, antes de que el camino por el que llegamos existiera.  Trabajaba como ahora, “en la misma cabaña, con las mismas herramientas”.  A través de los años, la fricción constante de los hilos de lana con la madera dura de la paranpahue ha ido gastando su hoja dentada. "Los hilos hacen que sea así", dice Otilia. "Es como cuando me fue dado, igual. Mi madre lo uso delante de mí, y su madre se lo dio a ella".
 
Luego, a la edad de 14 años, después de aprender a tejer mirando por encima del hombro de su madre, caminaba ocho horas a través de los campos para vender bienes de su familia en el mercado de Dalcahue, con kilos de lana sobre la cabeza. "Es mejor ahora", dice Otilia. "Mi hermano y los niños viven en las casas que nos rodean, y si quiero ir a Dalcahue puedo tomar un autobús."
 
A pesar de la facilidad de acceso al mercado del pueblo y a la cantidad de turistas que buscan sus tejidos artesanales, Otilia ha mantenido su técnica más lenta de trabajo, la misma que fue practicada por sus ancestros durante generaciones. No cambiaría su forma de trabajar.

 

"Por ninguna razón en particular", dice, "Solo prefiero trabajar así."