El Chile profundo se manifiesta a través del turismo comunitario

Entre Atacama y la Patagonia, se reparten decenas de experiencias únicas y de gran valor cultural.

miércoles, 07 de noviembre de 2012  
Descubriendo los encantos de Chile a través del turismo comunitario

Comunidades rurales y de pueblos originarios están desarrollando en todo Chile proyectos turísticos asociativos en torno a sus modos de vida ancestrales, configurando una oferta de calidad mundial en cuanto a su valor cultural.

Empeñados en preservar sus tradiciones, estos emprendedores empiezan a encontrar un público crecientemente interesado en conectarse con lo autóctono de cada lugar que visita y contribuir a su desarrollo. Es el turismo comunitario, a través del cual es posible descubrir en el país una riqueza cultural de la que todavía poco se sabe.

En el norte de Chile, el visitante puede adentrarse en estilos de vida tradicionales de diversas comunidades aimaras, lickan antay, diaguitas y coyas. Hay iniciativas recientes, como la Ruta de las Misiones, conformada por sitios arqueológicos e iglesias coloniales de antiguos pueblos en la Región de Arica y Parinacota, y otras más consolidadas, como la Ecored Lickan Antay, en los alrededores de San Pedro de Atacama.

La última de ellas ofrece experiencias únicas, como recorrer el desierto más árido del mundo junto a una caravana de llamas, al modo en que lo hacían sus ancestros precolombinos, o aprender bajo las estrellas sobre el sistema astronómico que les permitía a estos orientarse y cultivar la tierra según los ciclos solares y lunares.

A las comunidades de arrieros, campesinos, huasos y pescadores de la zona central se suman hacia el sur un gran número de emprendimientos turísticos impulsados por comunidades mapuches, lafquenches, huilliches y pehuenches, que buscan en el turismo una herramienta para el desarrollo local sostenible.

A través de esta oferta, es posible compartir las actividades cotidianas de los colonos de la cordillera de Nahuelbuta, practicar trekking, cabalgar y disfrutar de la comida campesina preparada con antiguas recetas y frutos silvestres, como los digüeñes. O conocer la flora y fauna nativa del histórico valle de Elicura y su relación con la cosmovisión mapuche, en los circuitos que brinda la comunidad aglutinada en Mapuche Trekan, en las cercanías del lago Lanalhue.

El mundo pehuenche de la cordillera de los Andes tiene sólidos exponentes en Trekaleyin, en el Alto Bíobio, y Quinquén, en Lonquimay. El primero desarrolló una red de senderos ancestrales, que se recorren principalmente a caballo, en medio de imponentes bosques de araucarias y volcanes. En los momentos de descanso surgen los relatos sobre la vida antigua y presente, marcada por el crudo invierno de las alturas andinas.

En Quinquén, por su parte, una familia de la comunidad acoge al visitante con comida casera y el tradicional “matetún”, conversaciones alrededor del fuego y el mate. Al término del verano, se puede participar en la recolección del piñón, el fruto de la araucaria, en una vivencia única que posibilita comprender la relación que mantienen los pehuenches con la naturaleza.