La bio-filosofía en el árbol del conocimiento

Humberto Maturana

Las teorías de Maturana trenzan biología y filosofía, la sociedad y las emociones, en el estudio de la organización de los sistemas vivos con preocupación por la convivencia entre los seres humanos.

viernes, 21 de agosto de 2009  
Humberto Maturana (Photo: El Mercurio)

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Humberto Maturana Romecin nació en Santiago de Chile en 1928. Estudió medicina y biología en la Universidad de Chile, luego se perfeccionó en el ámbito de la anatomía y neurofisiología en el University College de Londres. Su doctorado en biología lo obtuvo en 1958 en la Universidad de Harvard. En 1960 se incorporó como docente de biología a la Universidad de Chile. En 1965, creó el Instituto de Ciencias y la Facultad de Ciencias de esa universidad.

Junto a Francisco Varela, quien fuera su discípulo, propusieron el concepto de autopoiesis –que se refiere a la propiedad de los sistemas de producirse a sí mismos- aplicado al campo de la biología, sentando las bases de la llamada biología del conocimiento. Ambos publicaron “De máquinas y seres vivos” (1972) y “El árbol del conocimiento” (1984).

Posteriormente Maturana escribió “Emociones y lenguaje en educación y política” (1990), “El sentido de lo humano” (1991), “Desde la biología a la psicología” (1993), “La realidad, ¿objetiva o construida?” (1996), “Transformación en la convivencia” (1999), entre otras obras. Su pensamiento se ubica en la corriente del llamado constructivismo que entiende la realidad como una construcción consensuada por una comunidad, donde se produce una apariencia de objetividad.

En el ámbito de Maturana “la realidad de los seres vivos está en la biología, como la percepción y la construcción de la realidad”. Esta visión reemplaza el concepto filosófico de objetividad por la idea de construcción social. En el énfasis de su “biofilosofía”, el chileno sienta las bases de la “biología del conocimiento” que, entre otras complejidades, reconoce al lenguaje como un fenómeno biológico.

Maturana es considerado una eminencia internacional, invitado permanentemente a congresos de alto nivel académico. Entre sus numerosas distinciones, en 1994 recibió el Premio Nacional de Ciencias Biológicas, que otorga el Gobierno de Chile.