Cine

100 años de historias documentales y de ficción, con relevantes premios en recientes festivales internacionales.

miércoles, 08 de julio de 2009  
Raul Ruiz Raul Ruiz (Photo:TVN)

La producción cinematográfica chilena se ha vuelto prolífica y exitosa. Raúl Ruiz, célebre director radicado en Francia, y Alejandro Jodorowsky, autor de obras de culto, han sido permanente estímulo para decenas de realizadores que ficción, documentales y cortos en distintos formatos.

Memoria, revisión social y humana de las últimas décadas, animación para niños, comedia y drama, son contenidos y géneros frecuentes en las obras de directores, productores y actores chilenos.

Adicionalmente, la geografía y los paisajes extremos del país son elegidos como locación para numerosas escenas de producciones extranjeras.

En los últimos meses el cine chileno ha destacado en diversos festivales internacionales, sobre todo películas como La Nana (Sebastián Silva), Tony Manero (Pablo Larraín) y La buena vida (Andrés Wood).

Antecedentes relevantes


Si bien la primera realización cinematográfica nacional se remonta a 1910, la película muda El húsar de la muerte marcaría un auge de la promisoria industria local. Dirigida y protagonizada en 1925 por Pedro Sienna, narra la vida de Manuel Rodríguez, el guerrillero que hizo un aporte fundamental a la independencia del país.

Sólo en el período comprendido entre 1923 y 1927, se rodó en el país más de medio centenar de largometrajes argumentales, un hecho inusitado que no se repetiría hasta los tiempos actuales.

Tras la Gran Depresión, se reavivó la producción nacional. Una obra emblemática que plasmó el fenómeno fue Norte y sur (1934), el primer filme sonoro local, a cargo de Jorge “Coke” Délano.

El aporte extranjero en Chile no fue menos trascendente ni exitoso, con Verdejo gasta un millón (1941) y Entre gallos y medianoche (1942), del italiano Eugenio de Liguero, así como P’al otro la’o (1942), del argentino José Bohr.

Luego de una década floja, la de los 60 manifestó un nuevo impulso, sobre todo con la irrupción de creadores célebres, como Raúl Ruiz (Tres tristes tigres), Aldo Francia (Valparaíso, mi amor) y Miguel Littin (El chacal de Nahueltoro).

El golpe de Estado en 1973 significó el estancamiento del sector, producto del exilio de algunos realizadores y la censura. No obstante, hubo intentos exitosos, como los de Silvio Caiozzi, quien estrenó en 1979 Julio comienza en julio, y posteriormente llevó a la pantalla las obras del escritor José Donoso Historia de un roble solo (1982) y La luna en el espejo (1990).

Tardó la revitalización de la escena local tras la vuelta de la democracia. Fue recién en 1999 cuando se vio el verdadero retorno del público a las salas con El chacotrero sentimental, de Cristián Galaz, una comedia que escudriña en los vínculos amorosos de los chilenos a modo de radiografía social.

El cine de la transición tuvo hitos en Caluga o menta (1990), de Gonzalo Justiniano, o Taxi para tres (2001), con la incorporación de la marginalidad urbana y el humor negro.

Desde 2008, las salas de cine han puesto en sus pantallas 24 nuevas obras. La mayoría participa en festivales internacionales y consigue el reconocimiento del público y la crítica.

Cine documental

Los temas étnicos, religiosos y populares, la memoria histórica y la violación de los derechos humanos en los tiempos de la dictadura le han otorgado especial relevancia al cine documental chileno.

Nieves Yankovic y Jorge di Lauro dirigieron en 1958 una obra sobre la religiosidad popular llamada Andacollo, con música de Violeta Parra. Contemporáneos suyos y no menos relevantes fueron Pedro Chaskel, Sergio Bravo y Héctor Ríos.

Luego, la experiencia de la Unidad Popular estimuló la producción de otros imperdibles, como la saga de Patricio Guzmán La batalla de Chile, que consta de La insurrección de la burguesía (1975), El golpe de Estado (1976) y El poder popular (1979).

Dictadura y transición política están presentes en numerosos documentales realizados en el país y en el exilio. En Cien niños esperando un tren, Ignacio Agüero rescata los gestos de solidaridad cotidiana en medio de las restricciones y la censura. La memoria es la clave principal en Baila domingo, de Ricardo Larraín.

Una clave similar llevó a Carmen Castillo a realizar La flaca Alejandra, en el que revela el perturbador tema de la traición de una militante que colabora con los organismos represivos, y Calle Santa Fe, en la que reconstruye las circunstancias de la muerte de su pareja, Miguel Enríquez, líder del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR).

Carmen Luz Parot y Gastón Ancelovici dirigen Estadio Nacional y Chacabuco, memoria del silencio, respectivamente, relatos de la prisión política en los primeros meses de la dictadura.

Sebastián Alarcón desarrolla La ciudad de los fotógrafos, registro de la arriesgada labor que estos profesionales cumplían en medio de las protestas sociales en la década de los 80.

Fomento al cine

Los realizadores del país cuentan con el apoyo del Fondo Audiovisual del Estado, que contempla recursos concursables tendientes a facilitar la producción de obras de temática, miradas y estilos diversos.

En Faros chilenos: viaje al fin del mundo, Claudio Marchant recorre los rincones más australes del planeta y se encuentra con representantes de la ancestral etnia yagana, los últimos un pueblo ancestral del extremo sur.

Aquí se construye, de Ignacio Agüero, registra la demolición de una casa de un barrio tradicional para dar paso a la edificación de un moderno bloque de departamentos.

Galardones recientes

La Nana, de Sebastián Silva: Premio del Jurado Mejor Largometraje Dramático Internacional y Mejor Actriz (Catalina Saavedra) en Sundance (2009).

Tony Manero, de Pablo Larraín: Mejor Largometraje de Ficción en La Habana (2008);  Mejor Película en Turín (2008).

La buena vida, de Andrés Wood: Premio Goya Mejor Filme Hispanoamericano (2008).