Astronomía a través de Internet

Telescopio virtual permite observar el cosmos desde Chile

La experiencia reservada para científicos ahora está al alcance de aficionados de todo el planeta con el sitio ChileScope.

miércoles, 18 de noviembre de 2009  
Agencias internacionales instalan los complejos más modernos del mundo en el norte de Chile. El costo de membresía para mirar el cosmos desde Chile va desde los 25 dólares.

Por Jorge English G.

En la cumbre de un cerro ubicado cerca de Andacollo, una localidad de Chile ubicada 300 millas al norte de Santiago, se levanta desde hace dos años un nuevo observatorio astronómico. Pero ahí no circulan los científicos extranjeros que sí congregan los complejos internacionales emplazados en la zona con los telescopios más poderosos de la historia. Sólo lo visitan periódicamente los técnicos encargados de su mantenimiento.

Este telescopio no es operado por especialistas, sino que a distancia por los internautas que entran a la página web ChileScope. Con esta sencilla máxima se resume la idea impulsada por el ingeniero electrónico Juan Carlos Hidalgo y tres socios, mediante la empresa ChileanSky. Dicho de una manera más elaborada: Chilescope consiste en ofrecer servicios de observación astronómica en forma remota, vía Internet.

Y profundizando aún más en este original concepto, de factura 100% chilena a excepción de los equipos: mediante una suscripción anual, de sólo 100 dólares, los abonados -denominados “comandantes”- pueden ingresar al sitio y reservar tiempo para conectarse desde cualquier parte del orbe. Esto les permite controlar los movimientos del telescopio, manejar los períodos de exposición, decidir -por ejemplo- si quiere imágenes del firmamento con o sin filtro y editar sus propias fotografías de los astros.

También se creó la figura del “explorador”, es decir, aficionados que pagan 25 dólares, lo que les permite entrar las veces que deseen y, si en ese momento está operando un comandante, pueden seguir sus movimientos y bajar las imágenes que éste haya capturado.

El cielo como límite

Esta idea surgió en las aulas de un MBA que imparte la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), programa en el que coincidieron los actuales socios y donde fue presentada cuando debieron pensar en un proyecto de nuevos negocios para cumplir con parte de las exigencias académicas.

Hidalgo vivió durante seis años en La Serena y estando en aquella zona se sintió atraído por la astronomía. Resulta casi inevitable, considerando que en el desértico norte de Chile la Vía Láctea se deja ver con toda su magnificencia durante al menos 345 días del año. Noches carentes de nubes y en la que tampoco existe la molesta contaminación lumínica que generan las ciudades hacen de la zona un paraíso para la observación del universo.

El resultado es que entre los áridos parajes del desierto de Atacama han surgido las brillantes cúpulas de observatorios como Cerro Paranal, Las Campanas, Cerro Tololo, Gémini, La Silla o el telescopio SOAR (Southern Observatory for Astrophysical Research), también conocido como Cerro Pachón, e igualmente el proyecto ALMA.

Pero Hidalgo se resignaba a hacer sus observaciones conduciendo su auto hacia los valles interiores a fin de levantar la cabeza en dirección al cielo en compañía de algunos amigos, con frío e incomodidades.

Cuando pasó el tiempo y se encontró cursando el MBA, recordó aquella época y que ya tenía la inquietud de generar un sitio que le permitiese ser astrónomo sin estar pendiente de las condiciones climáticas. Por su vasta experiencia en telecomunicaciones e Internet, sabía que los telescopios pueden programarse por la red y hacer fotos digitales. Los ingredientes estaban: sólo faltaba cocinarlos.

Emprendimiento e inversión

El proyecto finalmente trascendió a las aulas. En los últimos tres años, los cuatro compañeros de MBA formalizaron una sociedad, hicieron estudios de mercado en Europa y Norteamérica para verificar demanda potencial, se aliaron con una firma chilena de robótica para desarrollar la plataforma y obtuvieron capital semilla del Fondo Innova de la estatal Corporación de Fomento (Corfo) en dos ocasiones.

También realizaron testeos y en 2009 se lanzaron con la difusión entre aficionados de Estados Unidos, Gran Bretaña, China y Chile, sobre todo. Hasta ahora, la inversión total asciende a 200 mil dólares. Probablemente aumente, ya que se han registrado unas 1.500 personas de distintos lugares del planeta.

Si ChileScope genera alto tráfico y el actual equipamiento no da abasto, vendrán nuevos telescopios, cámaras y cúpulas. La aspiración es generar un millar de cuentas cada año y crecer en forma sostenida. La principal fuente de ingresos será la venta de publicidad y, para que el negocio se transforme en un portal de astronomía, se agregará contenido astronómico, como bases de datos de objetos celestes, descripciones… “Que sea un market place, en un punto de venta de horas de observación”, explica Juan Carlos Hidalgo.

El optimismo de Hidalgo es abundante como las estrellas que se pueden observar en el norte de Chile. Tanto así, que en la sociedad ChileanSky se está llevando a cabo un aumento de capital con el cual se integrarán dos socios más, entre los cuales se cuenta un astrónomo profesional que aportará su know how, para sustentar el crecimiento esperado.

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