Innovación chilena
Cosmética natural de exportación
Una tendencia global por el rescate de lo natural ha llevado a los emprendedores chilenos a desarrollar innovadores productos cosméticos a partir de baba de caracol, vino y aceite de emú.
miércoles, 09 de diciembre de 2009
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Los historiadores han rescatado relatos con los extravagantes cuidados de Cleopatra, la Reina del Antiguo Egipto, quien para potenciar su belleza y mantener su juventud tomaba baños de leche de cabra. Hoy, esta excentricidad es una tendencia mundial: las mujeres buscan volver a las raíces, acercándose a productos cosméticos naturales.
En Europa, por ejemplo, muchas modelos están utilizando cremas elaboradas con yogur y miel para cuidar su rostro y evitar compuestos agresivos que puedan dañar la dermis. Además de los beneficios a la piel que otorgan los cosméticos naturales, protegen el medio ambiente.
Esta tendencia verde ha llevado a muchos emprendedores a buscar cómo transformar los extractos de plantas, flores y frutos en productos de belleza. Así, han aparecido jabones y cremas derivados de leche, baba de caracol, frutas o aceites, que se han convertido en cosméticos muy requeridos a nivel mundial.
Según ProChile, programa de fomento de las exportaciones chilenas, el mercado chileno de la cosmética de exportación se sitúa en una quinta posición en términos de tamaño en el contexto latinoamericano, tras México, Brasil, Argentina y Colombia, con un crecimiento real anual del 5% en ventas. Los productos nacionales más demandados en el mercado internacional son cremas para el ciudado de la piel, perfumes y aguas de tocador y desodorantes.
Elicina y su crema de caracol
Aunque comenzó con un criadero de caracoles que fracasó, la historia de Fernando Bascuñán es un ejemplo de innovación y emprendimiento. Tras notar que al contacto con la baba de estos moluscos las heridas de la piel tendían a sanar mejor, el empresario realizó junto a su hijo médico un largo estudio sobre las propiedades del fluido. Finalmente, logró acreditar que contenía alantoína, un poderoso regenerador celular, además de colágeno y elastina, que atenúan las arrugas y dan más flexibilidad a la piel.
De ahí en adelante, sólo cosechó éxitos. En 1993 obtuvo el reconocimiento de la Organización Mundial de Patentes Industriales, registrando esta crema como única en el mundo. En 1995 lanzó su primera partida de cremas, la que se agotó a los pocos meses.
Con más de 14 años de trayectoria en el campo de la cosmética natural, Elicina, la marca que patentó la empresa, hoy cuenta con un vivero de más de 13 mil caracoles. Según su Gerente General, Fernando Bascuñán, fabrica más de 70 mil cremas mensuales que exporta a países como Bolivia, Canadá, Guatemala, Estados Unidos, México y Costa Rica, entre otros.
Aceite de emú y crema de vino
Si la crema a partir de la baba del caracol fue un gran ejemplo innovación en los 90, hoy es el turno del aceite de emú y la crema de vino; dos productos que prometen grandes beneficios a la piel que van más allá de la regeneración.
Patricio Labrín, Gerente General de Cremacol, una de las pequeñas empresas que elaboran estos productos, sostiene que hay un gran interés por la utilización de materias primas naturales en la cosmética. "Cada vez hay más personas preocupadas por conocer tratamientos alternativos de belleza, con un alto contenido de nutrientes y principios activos naturales, que no sólo permitan regenerar la piel sino además protegerla", afirma el empresario, quien también comenzó con el negocio de la exportación de caracoles vivos sin obtener mayores resultados económicos.
Hoy, con más de cinco años en el rubro, Cremacol ofrece productos como crema y jabón sólido a partir de baba de caracol, jabón sólido derivado de aceite de emú y aceite puro de emú. Pero la más requerida hasta hoy es la crema con polifenoles de vino. Y para quienes deseen el doble de efectividad en la piel, está disponible la crema de baba de caracol y aceite de emú.
Los productos hechos a partir del aceite de emú otorgan a la piel humectación, y previenen y atenúan marcas y líneas de expresión, debido a su alta composición de ácidos grasos escenciales oléico, palmítico y linoléico.
En tanto, la crema de vino es un compuesto de energización completa, que puede ser aplicado cotidianamente de día y noche. Es perfecta para tratar las líneas de expresión y envejecimiento prematuro de la piel, ya que su composición impide la acción de los radicales libres, además de aumentar la energía celular por medio de uno de sus componentes que tiene un poder antioxidante y regenerativo hasta 40 veces superior que la Vitamina C y E.
Y vienen más productos. Prontamente, la empresa comenzará el desarrollo de una crema de murtillas, un arbusto silvestre crece en las montañas costeras y en los bosques del sur de Chile, y que según Labrín contiene el doble de efectos que la centella asiática; hierba que tiene los beneficios a la piel en el combate de las estrías y la celulitis debido al nivel de producción de colágeno que posee.
"Nos hemos esforzado por innovar tanto en la cosmética como en la elaboración de productos gourmet", asegura Labrín respecto al ingenio del emprendedor chileno. "No podemos seguir haciendo más de lo mismo. Sobre todo porque las materias primas están disponibles en el país", finaliza.