Descubrimiento y colonización española

Cuatro décadas después de la llegada de Cristóbal Colón a América, el conquistador español vino a lo que llamó el nuevo mundo en busca de oro y riquezas para la corona. Para los habitantes de Chile la figura de hombres montados a caballo resultó extraña además de invasora.

sábado, 04 de julio de 2009  
Pedro de Valdivia Pedro de Valdivia

Probablemente influidos por el espíritu renacentista, para los europeos Chile representaba el fin del mundo, el final de la tierra y, a la vez, un nuevo mundo.

El primer europeo en llegar a Chile fue Hernando de Magallanes, quien encabezó la primera circunnavegación al globo encomendado por la corona hispana. El marino de origen portugués se internó en los mares australes y descubrió en 1520 el estrecho que luego llevaría su nombre y que une los océanos Atlántico y Pacífico.

15 años después, el español Diego de Almagro -motivado por la búsqueda de oro- se aventuró por tierra desde el entonces virreinato del Perú con medio millar de hombres. El complicado cruce de los Andes a la altura del desierto de Atacama, la ausencia de oro y ciudades como las edificadas por los incas, además de la belicosidad de los aborígenes, terminaron frustrando la empresa, tras avanzar unos 400 kilómetros al sur de Santiago, y Diego de Almagro resolvió regresar al Perú.

En 1540, una nueva expedición al mando de su compatriota Pedro de Valdivia regresó a Chile con el objetivo de conquistar el territorio. Originalmente, fueron un puñado de hombres y unos mil sirvientes indígenas los que se encaminaron hacia el sur para un año más tarde participar de la fundación de Santiago en la cima del cerro Santa Lucía.

Confrontación militar

No pasó mucho tiempo para que se manifestara la resistencia de los mapuches, reflejada en la Guerra de Arauco, uno de los conflictos más largos del mundo, que se había gestado con la llegada de De Almagro y no concluiría sino tres siglos más tarde. La disputa estableció en el río Bio Bio la frontera sur del territorio, a unos 500 kilómetros de la capital.

Con el fin de contrapesar la tenacidad indígena, el conquistador decidió fundar ciudades en la zona, como Concepción, La Imperial o Valdivia. Sin embargo, perdería la vida en 1553 luego de ser derrotado por los mapuches en la batalla de Tucapel.

Testimonio de la guerra y del espíritu indomable de los mapuches es el poema épico La Araucana, escrito por el soldado y cronista español Alonso de Ercilla. Diversos episodios bélicos muestran su intrepidez e inteligencia estratégica, sus triunfos sobre el conquistador y las derrotas que llevaron a la muerte a sus principales líderes, como Caupolicán, Galvarino y Lautaro. Fue precisamente uno de estos choques, la batalla de Curalaba (1598), el hito que marcó el fin de la Conquista y el principio de la Colonia para la historia local.

El dominio de los españoles nunca fue completo, los grupos indígenas se mantuvieron activos y se levantaron una y otra vez en contra del invasor.

La economía fue impulsada por la actividad agropecuaria y, en menor medida, la minería de oro, plata y cobre. El intercambio con otras posesiones españolas en ultramar se vio favorecido con la apertura de los puertos de Valparaíso y Talcahuano.

A partir del siglo XVII, comenzó a gestarse la sociedad chilena, en cuya cúspide estaban los españoles, en los principales cargos militares y públicos. Muchos de ellos tuvieron descendencia en América (los llamados criollos), al tiempo que se profundizaba el mestizaje que se observa hasta la actualidad.

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