Artes plásticas

Diverso y móvil, Chile puede ser figurativo y abstracto, a veces surrealista, en otras oportunidades hiperrealista, siempre vanguardista.

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En la plástica chilena, se manifiestan todas las tendencias, con creadores que contribuyen al arte universal. Es el caso de Roberto Matta, cuya visualidad  poética vitalizó el movimiento surrealista y luego el expresionismo abstracto. Matta fue también compromiso social manifestado en el muralismo político que desplegó en la década del 70 y en su colaboración para la creación del Museo de Arte del Hombre Latinoafricano.

En otro enfoque que revela diversidad, está la obra cuestionadora de tradiciones y sistemas de Eugenio Dittborn, integrante de la llamada escena de avanzada de los años 80 y 90. Con sus pinturas aeropostales, Dittborn sugirió una crítica a la sociedad y a los medios plásticos tradicionales, asumiendo los códigos de la globalización: se alejó material y simbólicamente del origen y volvió luego con su obra cargada de otras miradas.

Otros artistas destacados han sido Arturo Duclos, Alfredo Jaar y Juan Castillo, también vinculados a la escena de avanzada.

Chile fue convidado recientemente a la Bienal de Venecia, probablemente una de las más importantes del mundo, para presentar un pabellón dentro de los Arsenales. Fue el artista Iván Navarro quien presentó la obra Threshold, que consideró instalaciones con luces fluorescentes.

Con otra visión ha surgido Claudio Bravo, también de renombre internacional pero distante de las vanguardias, quien ha aportado procedimientos claves al desarrollo del hiperrealismo, corriente que enfatiza la eficacia del oficio pictórico en la representación estética.

La plástica chilena actual recurre a distintos soportes y reconoce en la tecnología un potencial expresivo y de interacción con el uso de multimedia. La fotografía y el cómic también están representadas entre las artes visuales de Chile.

Algo de historia

Lo más remoto es seguramente el arte rupestre autóctono, presente con figuras notables especialmente en el norte de Chile. Se pueden observar  por ejemplo en rocas del valle del Encanto o ese humanoide de 86 metros dibujado en el cerro Unita, en la Región de Tarapacá, el geoglifo más grande del mundo y que es llamado el Gigante de Atacama. A las expresiones de los pueblos originarios, se suma el arte occidental traído por los europeos, las expresiones coloniales y los vestigios de una pintura propiamente chilena.

Una faceta desconocida de los principales líderes de la independencia de Chile los vinculó a la plástica. Bernardo O´Higgins estudió la disciplina y dejó un autorretrato al óleo en miniatura. José Miguel Carrera fue condenado también por sus “sangrientas caricaturas”.

La iconografía más divulgada de esa  época se debió al pincel de José Gil de Castro (1785-1841). Proveniente de Perú en 1810, el denominado “mulato Gil” captó el paso de la colonia a la Independencia. Hizo retratos oficiales del director supremo, pintura religiosa y registró campañas militares y la alta sociedad.

Otros artistas viajeros fueron relevantes en el inicio de la pintura profesional en Chile y de su enseñanza, como Mauricio Rugendas, alemán que arribó a Chile y registró escenas y personajes populares, o el francés Raymond Monvoisin, uno que llegó contratado por el gobierno en 1843 y plasmó la moda en las damas de la sociedad santiaguina. Fue el napolitano Alessandro Cicarelli quien finalmente dirigió la Academia de Pintura, antecedente de la Academia de Bellas Artes, de la cual egresarían las primeras generaciones de creadores formados en el país.

El libro “La pintura chilena desde la colonia hasta 1981“, de Gaspar Galaz y Milan Ivelic, permite conocer el tema en detalle. Otra obra significativa es “Copiar el edén. Arte reciente en Chile“, editada por el curador internacional Gerardo Mosquera, que resume lo más relevante de la producción visual chilena de los últimos 30 años.

Desde entonces, entre los artistas chilenos hay quienes han denotado academicismo, experimentación e irreverencia iconográfica, el encierro críptico y el arte colectivo de vía pública. Ha habido miradas lúdicas, políticas, teóricas y aparentemente ingenuas. Y diversas tradiciones, de caballetes y vanguardias, hasta llegar a una situación de la plástica chilena contemporánea, donde tienen cabida también el muralismo religioso, político y graffitero, la fotografía y el cómic.

Por su parte, el Estado premia desde 1944 la trayectoria de un autor a través del Premio Nacional de Arte y estimula la creación de los jóvenes con recursos concursables del Fondo Nacional de Desarrollo de las Artes (Fondart). En tanto, los propios creadores galardonan a sus pares con el Premio Altazor.

*Foto superior que encabeza la sección de Artes Pláticas corresponde a Science, conscience et patience du vitreur, 1944 (Ciencia, conciencia y paciencia del vidreador). Óleo s/ tela 200 x 450 cm. Colección particular, Nueva York. Publicado en el catálogo <Matta, Retrospectiva Museo Reina Sofía, 1999>. Gentileza del Comité Centenario Matta 11-11-11.

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