Alimentos

Frescura nacida al extremo sur, que se disfruta en el mundo. Muchos son los caminos que unen a Chile con el mundo, pero solo uno da lugar a un diálogo muy particular: el de los alimentos. Porque en él conviven la riqueza de la naturaleza con saberes tradicionales y desarrollos tecnológicos que permiten sumar valor a la cadena de producción, a la vez que contribuyen a la conservación de la biodiversidad.

pagina_alimentos_690
English version Fresh produce

Diálogo que incorpora políticas como, por ejemplo, la campaña Foods from Chile, que lleva la calidad y frescura de los productos chilenos –paltas, arándanos, frambuesas, cerezas, entre otros- a las mesas de EEUU, logrando que lo que estaba lejos se disfrute más cerca.

Con sus raíces al extremo sur de América, las vides chilenas guardan la tradición consagrada del Viejo Mundo y dan lugar a vinos apreciados internacionalmente. Por su clima mediterráneo y amplia variedad de terroirs, que permiten producir un gran número de cepas e, incluso, destacar el potencial de uvas como la Carignam y la País, antiguamente despreciadas en Europa. Y por la sanidad de sus suelos y sus fronteras naturales, que resguardan la calidad de los frutos desde el origen, lo que ha permitido la supervivencia de cepas como la Carménere, que se creía extinta y hoy sorprende a los más exigentes sommeliers.

Si la cordillera es la espalda que sostiene y moldea la figura de Chile, en el mar se encuentran sus brazos, que generan una gran riqueza acuícola y se abren hacia otras naciones. Y es que, con sus casi 84.000 kilómetros de borde costero y perímetros insulares, Chile se perfila como una potencia pesquera, siendo el Salmón su producto estrella -los desarrollos tecnológicos tienen un rol preponderante para sostener e incrementar la calidad de su producción, conservando los nutrientes que la pureza y frío de la corriente de Humboldt ya le otorgan naturalmente-, pero destacándose también por sus exportaciones de trucha, ostiones y choritos; a la vez que apuesta a la producción de corvina, pez cuyo interés ha comenzado a crecer en los mercados internacionales.

La riqueza del suelo chileno da lugar a una producción variada y capaz de satisfacer la demanda de múltiples mercados. Tal es el caso de los frutos secos -nueces, almendras y avellanas, principalmente-, cuyo desarrollo se ha visto impulsado por ventajas competitivas, entre las que se destacan la sanidad de sus fronteras; el buen clima, con otoños secos; la producción en contraestación; y la alianza entre sector público y privado, que permite combinar inversión, proyección y alcance. Además, existen oportunidades como el piñón de la araucaria, cuyos beneficios para la salud y su gran valor nutricional, ya conocidos por los mapuches, poco a poco comienzan a ser apreciados en el mundo, en virtud de las nuevas tendencias de alimentaciónque ponen el foco en la importancia de los súper alimentos.

De la tierra a la mesa… Sin importar qué tan lejos se encuentre. Porque gracias a sus múltiples tratados de libre comercio, a la calidad y variedad de su producción -resultado del despliegue de 17 climas, que imprimen su particularidad en cada sabor- y a su infraestructura sólida, Chile ocupa un lugar de privilegio en la comercialización internacional de fruta fresca.

Así, todos los beneficios nutricionales llegan intactos al consumidor final, en contraestación y menos de diez días después de haber sido recolectados. Duraznos, arándanos, paltas, frambuesas, manzanas, cerezas: naturaleza en estado puro, que el desarrollo y la inversión permiten llevar cada vez más lejos.

Esta entrada también está disponible en Inglés