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Desde la recuperación de la democracia en 1990 Chile ha mantenido una senda de apego ejemplar con las reglas democráticas. El bajo riesgo político, la solidez de sus instituciones y la estabilidad de las reglas del juego, se han traducido en un desempeño macroeconómico excepcional y creado en Chile uno de los ambientes más propicios de la región y del mundo para hacer negocios.
Esto, además, ha fortalecido la capacidad de resistencia del país a los ciclos económicos.
Los inversionistas y las personas naturales que se establecen en Chile también encuentran un ambiente regulatorio que asegura un trato igualitario para la inversión en casi todos los sectores productivos, exceptuando aquellos que tienen un carácter estratégico, así como buenos estándares de seguridad ciudadana y niveles de corrupción pública y privada sumamente acotados.
El centro de estudios internacionales Policy Network destacó a Chile con el mejor Índice de Calidad Institucional (ICI) de Latinoamérica, al situarlo en la ubicación 24º del ranking que consideró a 191 naciones.
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