Científicos chilenos crean tomates con vacunas comestibles

Investigación pionera en América del Sur busca que las semillas sean vehículos de inmunización contra la hepatitis C y el cólera.

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Científicos de la Universidad Católica de Santiago están diseñando una vacuna contra el cólera y la hepatitis C capaz de ser administrada a través de las semillas de un tomate. Esta herramienta será la primera de su tipo desarrollada en América del Sur, pues sólo especialistas de Estados Unidos, Japón, México y Australia trabajan en proyectos similares.

Dentro de sus varias características, existen dos que hacen de esta investigación algo muy atractivo para la ciencia. En primer lugar, la administración de vacunas a través de los alimentos elimina la incomodidad y el miedo ocasional experimentado por los pacientes al recibir inyecciones. Y en segundo lugar, las vacunas producidas por los alimentos resultan ser considerablemente menos costosas en el mercado.

Las vacunas tradicionales requieren temperaturas rígidamente controladas para la conservación, y ambientes estériles para su administración. En un artículo del diario local La Tercera, Patricio Arce, uno de los científicos responsables de la investigación, dijo que las dificultades de la administración de la vacuna tradicional corresponden al 70%-80% de su costo total.

Históricamente, las vacunas han funcionado con la introducción de pequeñas cantidades de una bacteria o un virus determinado en el sistema inmunológico de los pacientes, fomentando que el cuerpo desarrolle anticuerpos que reconozcan la enfermedad y así luche contra futuros ataques. Recientemente, esto se ha logrado mediante la introducción de proteínas seleccionadas en el sistema para generar el mismo efecto.

Las vacunas transmitidas por los alimentos funcionan con un principio similar. Los científicos aíslan los códigos genéticos que producen las proteínas que se utilizan en la actualidad para las vacunas, en este caso las vacunas para la hepatitis C y el cólera. Una vez que estos códigos han sido aislados, se introduce en el material genético de la planta, que se almacena en sus semillas. Almacenados dentro de estas semillas, entonces, serán estas proteínas idénticas inyectadas en vacunas tradicionales.

Preservar la vacuna en las semillas elimina muchos de los problemas relacionados con el almacenamiento que elevan los costos. Al igual que las semillas normales, aquéllas que se están desarrollando en la Universidad Católica requieren una protección contra la humedad y el calor excesivo y tendrían que ser plantadas por separado de los tomates normales para evitar cruces. Con esto, la considerable infraestructura necesaria para mantener con seguridad las vacunas tradicionales pueden ser prácticamente eliminadas.

Con el proyecto ya bastante avanzado, los científicos se preparan para la primera ronda de pruebas con ratas durante 2011. Asumiendo que la prueba vaya según lo previsto, el producto estará listo para las pruebas en humanos en 2013 y disponible en el mercado poco después.

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