Arquitectura

¿Cómo es la arquitectura en un país sísmico y de loca geografía? Sin duda, diversa y distinta a cualquier otra en el mundo.

P
English version Architecture

La naturaleza del país impuso sus condiciones y el chileno fue adaptando la construcción de casas y edificios a estas exigencias. Hay terrenos planos y de fácil acceso, escarpados cerca de la cordillera y húmedos en los bosques del sur. Además, el territorio es sísmico, de modo que los desafíos arquitectónicos son permanentes.

El uso adecuado de la tecnología permite hoy edificar grandes torres en altura con creativos y vistosos diseños. Santiago y las principales ciudades del país  muestran al visitante las obras de arquitectos chilenos que han sabido unir la historia y la cultura ancestral con las nuevas técnicas, tendencias y materiales. Aún es posible encontrarse en el sur con una ruca -la vivienda original de los mapuches- y con construcciones de estilo colonial, frecuentes en distintas ciudades en donde la influencia europea, particularmente alemana, fue muy fuerte.

La variedad climática de Chile también ha determinado su arquitectura. En el seco norte predominan históricamente materiales como la piedra, el barro y la paja, en el centro fue el adobe y la teja y en el lluvioso sur, la madera.

Y en medio de la historia y las huellas de los inmigrantes, se construyen edificios inteligentes, complejos arquitectónicos de enorme magnitud, obras que expresan la creatividad de los profesionales chilenos. Innovación y vanguardia se ven sobre todo en Santiago, donde han aparecido edificios ecológicos. El paisaje urbano muestra también diversidad y contrastes, desde la espectacularidad de las obras de Borja Huidobro, hasta el minimalismo en las viviendas sociales de Alejandro Aravena, las que le han valido reconocimiento internacional.

Pero aunque la tecnología ofrezca nuevas posibilidades arquitectónicas, no se descuida la defensa del patrimonio. Valparaíso, la ciudad puerto, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2003, por la riqueza de sus soluciones arquitectónicas. La misma categoría tienen el Parque Nacional Rapa Nui, en Isla de Pascua, y las iglesias de Chiloé, 16 templos de madera integrados a la rica cultura de esa zona de Chile.

Diversidad arquitectónica

En la diversidad de la arquitectura chilena actual priman la simplicidad, la economía y el funcionalismo. En la escena profesional coexisten el posmodernismo, el eclecticismo, el racionalismo, el modernismo y la arquitectura modular. Enrique Browne, José Cruz y Borja Huidobro son representantes del postmodernismo; Cristián Boza pertenece a la corriente ecléctica; Fernando Castillo Velasco y Emilio Duhart, fueron racionalistas; Mathias Klotz y Felipe Assadi representan el modernismo, y Alejandro Aravena es parte de la corriente modular. Como en otras áreas de la cultura, en la arquitectura chilena la diversidad es la principal característica.

Influencias externas han moldeado la arquitectura nacional a través de los años. Por ejemplo, los edificios del palacio de La Moneda y la catedral de Santiago, obras del italiano Joaquín Toesca, son legados de la arquitectura neoclásica del siglo XVIII, que marcó las pautas del posterior desarrollo urbano de la capital. Otro constructor extranjero que dejó su huella en Chile fue el célebre ingeniero Gustavo Eiffel, creador de la Iglesia de San Marcos, la Casa de la Gobernación y la Aduana de Arica.

En el norte del país, estas influencia externa también estuvo presente, especialmente alrededor de las faenas de la minería del salitre, en donde ingleses y norteamericanos introdujeron en el siglo XIX el estilo georgian, importado desde California, del que resultaron pueblos enteros construidos con adobe y pino oregón.

En el paisaje urbano actual conviven, por lo tanto, diversas tradiciones. Así, podemos encontrar mansiones neoclásicas, como la de calle República  -levantada por Josué Smith Solar para la familia Alessandri y convertida hoy en el departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile-, y vanguardistas edificios ubicados principalmente en el sector oriente de la capital.

La mayoría de estas edificaciones vanguardistas se encuentran en el barrio El Bosque. A poca distancia, en el tradicional barrio El Golf, llama la atención el edificio de la empresa Consorcio Nacional de Seguros, el que valoriza el término de la hilera de manzanas mediante la ubicación de los accesos en sus esquinas, el uso de la fachada curva y su jardín vertical. Proyectos similares han ido cambiando ese sector de la ciudad, hasta convertirlo en un nuevo centro financiero.

Para otros sectores y segmentos de la sociedad, el arquitecto Alejandro Aravena ha desarrollado nuevas opciones de diseño, las que le han valido varios premios internacionales como el Marcus Prize for Architecture 2009 y el Premio Pritzker de 2016, considerado el premio más importante en el mundo de la arquitectura. Aravena es director de Elemental, una entidad sin fines de lucro que trabaja construyendo barrios y viviendas sociales de calidad y algunos de sus proyectos arquitectónicos se han realizado en la ciudad de Iquique, y en las comunas de Renca y Lo Espejo, en Santiago.

Actualmente, en Chile se vive un proceso de búsqueda que relacione los principios y la estética de la arquitectura con nuevas formas de concebir la profesión y la ciudad contemporánea, sin descuidar las raíces de la identidad y el patrimonio arquitectónico.

Patrimonio arquitectónico

Vestigios precolombinos, coloniales y neoclásicos de los siglos XIX y XX, son visibles en todo el país. Algunos de ellos son monumentos arquitectónicos que han sido incluso declarados Patrimonio de la Humanidad. El patrimonio arquitectónico chileno es amplio, diverso y está presente a lo largo de nuestro país.

En Isla de Pascua, por ejemplo, hay altares construidos en piedra y destaca con singular belleza Orongo, ciudad ceremonial de 47 casas construidas en mampostería. Sus techos y muros estaban históricamente pintados de blanco, negro y rojo.

Conocido es también el paisaje chilote, al sur de Chile, el cual se caracteriza por peculiares palafitos, viviendas sostenidas con postes enterrados en la playa y que cuentan con tejuelas de madera de alerce al exterior.

En el norte, la diversidad arquitectónica se manifiesta, por ejemplo, en Toconao, pueblo de origen prehispánico levantado en un oasis vecino a la localidad de San Pedro de Atacama. La iglesia de Toconao tiene una interesante arquitectura en liparita, piedra volcánica blanda y blanca, extraída de una cantera del lugar. La torre-campanario de la iglesia San Lucas, también declarada Monumento Nacional, fue construida en piedra y barro alrededor del año 1750 y tiene tres cuerpos escalonados, separados por cuidadas cornisas, rematadas en el techo por pináculos esquineros en su cúpula hecha con madera de cactus.

Especial valor patrimonial tiene la arquitectura precolombina. Ejemplos son los caseríos ubicados entre 1.500 y 4.000 metros sobre el nivel del mar junto al camino del Inca, en el norte; los pucarás, fortalezas incas de la zona central; y las rucas, viviendas de los mapuches con estructuras circulares de madera cubiertas de paja, en el sur. Estas últimas estás orientadas de este a oeste, con puerta de entrada hacia el oriente, con el propósito de recibir los primeros rayos del sol al amanecer.

Historia y señales de pueblos originarios y obras modernas que incorporan la creatividad y el diseño de los urbanistas chilenos. Así es la arquitectura de un país de loca geografía.

Esta entrada también está disponible en Inglés