Desarrollo técnico

Por Julio Salviat W.*

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La lejanía de Chile, ubicado en el lugar más austral de América, separado de Argentina por los macizos de la Cordillera de Los Andes y con vista solamente hacia el Pacífico, influyó en su lento desarrollo deportivo.

Mientras argentinos y uruguayos recibían desde temprano las lecciones del fútbol europeo, Chile las conocía a través de los rioplatenses. Recién en 1950 se produjo una relación futbolística más fluida con los equipos y selecciones europeas.

Si Chile fue hueso duro de roer para los del Atlántico fue porque recibió la influencia de entrenadores extranjeros, principalmente húngaros.

Quien revolucionó los arcaicos sistemas de juego que se imponían en Chile hasta 1940 fue Francisco Platko. Hasta ahí se imponían los criterios técnicos y tácticos establecidos por David Arellano veinte años antes, aunque algo se había avanzado con los aportes del uruguayo Juan Carlos Bertone, que dirigió al equipo nacional en el campeonato sudamericano de 1929, y el húngaro Jorge Orth que estuvo al frente del plantel que participó en la Copa del Mundo de 1930, en Montevideo.

A partir de 1939 se empieza a hablar en Chile de planificación, de sistemas, de orientación técnica y -fundamentalmente- de disciplina táctica. Esos conceptos los impuso Platko, gran arquero en su época, defensor de las redes del Ferencvaros de su país y el Barcelona de España, dirigiendo a Colo Colo. El resultado fue inmediato: el equipo más popular ganó el campeonato de 1941 sin perder ningún partido.

Con la aplicación de WM inglesa y el rectángulo mágico, el fútbol chileno pudo contrarrestar la enorme diferencia técnica que existía -y se mantiene- con los equipos rioplatenses.

La escuela de Platko tuvo muchos seguidores criollos, y el fútbol chileno mantuvo hasta hoy una característica particular: su sentido táctico.

Un nuevo impulso en el desarrollo deportivo fue la conquista de la sede del Campeonato de 1962. En una etapa de preparación del seleccionado
nacional que duró cuatro años, y que dirigió el entrenador Fernando Riera, la competencia chilena adquirió mayor seriedad, por el incentivo que representaba para los jugadores estar en la cita máxima. También hubo una  gran cosecha de experiencia a nivel de selección y de clubes, por las constantes confrontaciones con equipos extranjeros.

Después del Mundial, en el que Chile obtuvo el tercer puesto, el país entero se futbolizó. La competencia nacional, que hasta ahí se había desarrollado con 14 equipos y con límites geográficos muy precisos, aumentó a 18 su contingente de equipos e incorporó a ciudades alejadas de la capital. Hasta ahí se jugaba desde Talca por el sur hasta La Serena por el norte. Pasó a ser desde Antofagasta por el norte hasta Temuco por el sur.

A mediados de los 80, en tiempos de dictadura, se pretendió dar más circo al pueblo y, con la idea -así dicha- de “convertir al país en una gran cancha de fútbol”, el fútbol se ajustó a los límites continentales: desde Arica a Puerto Montt.

La imagen es parte de las colecciones de la Biblioteca Nacional y está disponible en www.memoriachilena.cl