Investigadores de Harvard hallan en Pascua “elixir de la juventud”

Popular destino turístico albergaba bacteria que atenúa los efectos del envejecimiento causado por el mal de Hutchinson-Gilford.

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Un compuesto que revierte los daños que el envejecimiento causa en el ADN aseguran haber encontrado en la isla de Pascua, localizada en el Pacífico  Sur de Chile, investigadores de la Escuela Médica de la Universidad de Harvard.

El fármaco llamado rapamicina fue desarrollado a partir de la bacteria Streptomyces hygroscopicus descubierta en el popular destino turístico y podría ser extraordinariamente eficaz a la hora de tratar el síndrome de Hutchinson-Gilford.

Según la información del diario ABC de España, se trata de una grave forma de progeria, enfermedad causada por un defecto en los genes y que se manifiesta en alteraciones en la piel y los órganos internos debidas a un brusco y prematuro envejecimiento del organismo.

Los científicos dijeron que el hallazgo se produjo por casualidad mientras desarrollaban un fármaco para reducir el rechazo del organismo a órganos trasplantados, de acuerdo a lo publicado en la revista Science Translational Medicine.

Además del tratamiento del mal de Hutchinson-Gilford, el grupo de trabajo de Harvard cree que el compuesto podría servir también para fabricar un “elixir de la juventud” capaz de paliar y hasta anular los síntomas del envejecimiento.

ABC agregó que Francis S. Collins, uno de los autores de la investigación, estudió los efectos de la rapamicina en células epiteliales de niños afectados por el síndrome de Hutchinson-Gilford y logró suprimir la proteína dañada causante de la enfermedad y revertir sus efectos nocivos. Todas las células tratadas vivieron, además, durante más tiempo de lo normal.

Dimitri Krainic, otro de los firmantes del artículo, explicó que, con el paso de los años, las células de nuestro cuerpo van perdiendo paulatinamente su capacidad para librarse de los desechos que producen, complementó el diario español.

El compuesto parece devolver al organismo la fuerza necesaria para seguir cumpliendo con esta importante función, algo que aumenta tanto la duración de las propias células como la de los órganos a los que pertenecen, finalizó el artículo.