Isla Lagartija, en proceso de ser un nuevo Santuario de la Naturaleza

Por su importancia en la preservación de aves y su reproducción, además de mantener un rico patrimonio cultural; la Isla Lagartija está a un paso de convertirse en un nuevo Santuario de la Naturaleza.

Imagen: Nicolás
Imagen: Nicolás

Luego de haber pasado la mayoría de los procesos para convertirse en un Santuario de la Naturaleza con éxito, la Isla Lagartija o Kaikué ya ha recibido la aprobación del consejo de Ministros y está por lo tanto ad portas de pasar a ser un área protegida.

También conocida como Isla Kaikué, que significa “Isla de los Pájaros”, la pequeña isla se ubica al noroeste del golfo de Ancud. Tiene una superficie total de 30,2 hectáreas, pero usualmente se ve mucho más pequeña en los momentos de marea alta, donde el mar cubre gran parte de sus bordes. Es parte del archipiélago de la comuna de Calbuco, Provincia de Llanquihue, en la Región de los Lagos.

La iniciativa de convertir esta isla no habitada en un área de conservación nace no solo por el interés de proteger especies de flora y fauna que se ubican en el lugar, sino que también el patrimonio cultural y natural de Chile, además de resaltar la importancia que sus alrededores tienen en la práctica de pesca artesanal.

La categoría de Santuario de la Naturaleza incluye y se le otorga a los territorios, ya sean terrestres o marinos, que permitan estudios geológicos, paleontológicos, zoológicos, botánicos o de ecología; o que cuenten con características físicas que puedan ser de interés para la investigación o para el propio Estado. En el caso de la Isla Lagartija, el Seremi del Medio Ambiente de la Región de Los Lagos y biólogos marinos de la Universidad de Los Lagos se encargaron de monitorear la isla durante tres años para recaudar los datos necesarios para el proceso de adjudicación del título de Santuario de la Naturaleza.

Como su nombre lo sugiere, la isla tiene una importancia ecológica principalmente por ser el sitio de nidificación de al menos 7 especies de aves costeras o marítimas, entre las que destacan el pingüino magallánico, la gaviota dominicana y el pato quetru no volador; entre otros. El énfasis recae en mantener el área protegida para la reproducción de las aves ya mencionadas y también para otras especies que utilizan la isla para refugiarse.

Por otro lado, el patrimonio cultural que se quiere preservar está relacionado a cúmulos de conchas o instrumentos, corrales de pesca y varaderos de canoas que tienen un alto valor histórico y cultural, ya que logran representar cómo convivían nuestros pueblos originarios, específicamente tribus nómades, con su entorno natural y por lo tanto dar luces de las actividades que realizaban.

Por último, existe el interés regional de mantener en el área las actividades tradicionales de extracción marítima que se han llevado a cabo durante años, como es la pesca de animales invertebrados y mariscos; aparte de la extracción de algas, correspondientemente regulada. Esto último ayudaría finalmente a la sustentabilidad de la misma área protegida.

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