Libro revela la dieta de pueblos precolombinos en Chile

El libro “Chile: Plantas alimentarias prehispánicas” presenta una recopilación de 361 especies indicadas como comestibles por crónicas de la época y estudios científicos.

Quínoa
Imagen: Bioversity International

¿Qué plantas comían los pueblos originarios? ¿Cómo era su dieta? ¿Qué rituales tenían en torno a la comida? Estas y otras preguntas se hicieron la nutricionista Oriana Pardo y el ingeniero agrónomo José Luis Pizarro. Las respuestas que encontraron después de una acuciosa investigación fueron plasmadas en el libro “Chile: Plantas alimentarias prehispánicas”, basado en escritos de cronistas, estudios arqueológicos y etnobotánicos, en el análisis semántico de vocablos indígenas y costumbres aún vigentes en áreas rurales.

El libro presenta 361 entradas descriptivas de plantas señaladas como alimentarias y consumidas por la población prehispánica, incluyendo las que tenían más de un solo uso, y siendo el apartado de las frutas el más completo, con 88 descripciones.

Oriana Pardo y José Luis Pizarro hicieron lo que ellos llaman “arqueología alimentaria”, y después de cuatro libros publicados en conjunto respecto al tema, ambos aseguran que la dieta de los pueblos prehispánicos estaba lejos de ser pobre. Muy por el contrario, era variada y sabrosa.

El sedentarismo, por ejemplo, fue uno de los factores que influyó en el desarrollo de las técnicas de conservación e intercambio de alimentos, lo que permitió mejorar y variar la dieta de esos pueblos. “Los changos de la costa del norte, obtenían aceite de lobo, pescado y algas deshidratadas, que intercambiaban con productos del interior, como maíz, ají y hojas de coca. Los atacameños fueron grandes comerciantes, con sus rebaños de llamas iban hasta la vertiente oriental de la cordillera, donde obtenían hojas de coca y volvía con éste y otros productos”, contaron los autores al diario La Tercera.

Pardo y Pizarro también destacan que ciertas prácticas actuales tienen sus raíces en antiguas costumbres. El gusto por lo dulce es una de ellas, aunque en ese tiempo no existía el azúcar. “Se preparaba arrope de chañar y de algarrobo utilizando el fruto de estos árboles. También se obtenía miel de la savia de la palma chilena”. Entre los niños, “el gusto por los dulces se observaba porque ellos conocían las flores de las que podía chupar el néctar”, señala José Luis.

El libro, además de ser un catastro de especies alimentarias, busca crear conciencia respecto a especies comestibles actuales, que son cosechadas en estado silvestre y que podrían perderse al no estar garantizada su preservación. Por ello, ambos autores hacen un llamado: “Si se quiere recuperar el empleo de alguna de las especies en peligro, se debe optar por el cultivo antes que por extracción predatoria”.

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