Organización primaria

 Por Julio Salviat W.*

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Si algo ha caracterizado al fútbol chileno a lo largo de su historia es su permanente condición de crisis. Los clubes han vivido siempre sumidos en las deudas y por muchos años sobrevivieron merced al aporte voluntario de “mecenas”. La situación llegó a su límite en el verano de 2002 cuando la justicia ordinaria determinó la quiebra de Colo Colo, el club más popular -y casi siempre el más poderoso- del país.

En 1895 se formó la Football Association of Chile, ideada como un símil de la inglesa para agrupar  a todos los clubes del país. Sólo respondieron ocho y, en rigor, fue apenas una liga de Valparaíso con dos invitados capitalinos.

Algo similar ocurrió en 1908 con la fundación de la Federación Sportiva Nacional, que pretendía cobijar bajo un mismo alero a todas las organizaciones deportivas y tener la tuición sobre la distintas disciplinas que se practicaban en el país. El Gobierno de la época le brindó ayuda y reconocimiento, y en su papel inicial fue un ente importante para seleccionar a los deportistas que concurrirían a las competencias internacionales. Así ocurrió, por ejemplo, con la delegación que asistió a los Juegos Olímpicos de Estocolmo, en 1912.

El problema surgió cuando el fútbol se sintió ajeno a esa organización y pronto, el 14 de septiembre de ese mismo año, en Viña del Mar, se fundó la Asociación de Fútbol de Chile. Un mes y medio después, este organismo tenía el reconocimiento provisorio de la FIFA. El definitivo lo obtendría el 1 de junio de 1913.

Un cisma ocurrido en 1922, a raíz del encono que producía que la sede del fútbol nacional estuviese en el puerto y no en la capital, y que provocó que el fútbol chileno quedara marginado de la FIFA, derivó en la fundación de la Federación de Fútbol de Chile. Este organismo mostró mayor seriedad y logró que el ente máximo le devolviera la afiliación en 1929.

Paralelamente, un decreto supremo alentó el desarrollo de las demás especialidades deportivas al reglamentar la formación de Federaciones para agrupar en cada provincia a los clubes que hubiesen obtenido personería jurídica.

El desarrollo posterior del deporte chileno demostraría que los esbozos de organización tenían más buenas intenciones que objetivos determinados. Los grandes deportistas nacionales -la historia lo prueba- han surgido gracias al desarrollo espontáneo de sus talentos naturales, más que a una planificación tendiente a mejorar sus rendimientos.

Buena prueba de esto es que Chile figura como participante en los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, en Atenas. Pero no se trató de una representación oficial, sino de un entusiasta atleta avecindado en Europa, de apellido García Huidobro, que se inscribió para participar en la prueba de cien metros llanos y que, por supuesto, no conoció el podio.

La imagen es parte de las colecciones de la Biblioteca Nacional y está disponible en www.memoriachilena.cl