Se cumplen 47 años de la muerte del poeta chileno Pablo de Rokha

El 10 de septiembre de 1968 falleció trágicamente el poeta Licantenino, uno de los más grandes de Chile y Latinoamérica.

Pablo De Rokha
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Fuertemente opacado por la figura de Pablo Neruda, con quien sostuviera una relación de mutuo disgusto –hecho documentado en los medios de la época-, Pablo de Rokha sigue siendo un fuerte referente de la poesía Chilena. Considerado uno de los grandes cuatro poetas nacionales junto a Mistral, Neruda y Huidobro, De Rokha siempre destacó por su personalidad rimbombante y su escritura prolongada y atrevida.

Amado por algunos, odiado por otros, la figura de Pablo de Rokha permanece en la historia de nuestro país. Basta con ir a la Biblioteca Nacional y sentarse a leer una de las 4 carpetas que existen en los archivos a nombre del poeta. Nombrado Embajador Cultural de Chile en 1944, de Rokha se dedicó a viajar por todo América difundiendo las letras nacionales y conociendo distintas expresiones literarias a lo largo del continente.

Durante la primera mitad del siglo XX, de Rokha se dedicó a escribir sobre su tierra querida. Nacido en Licantén, Región del Maule, el poeta creció en medio del trabajo y la fiesta campesina, lo cual se puede leer en cada verso de su obra, donde orgullosamente alaba las costumbres de la gente de la tierra.

Entre sus más grandes poemas destacan “Canto del Macho Anciano”, “Epopeya de las comidas y bebidas de Chile”, “Satanás”, “Oceanía de Valparaíso”, entre otros. En 1965 recibió el Premio Nacional de Literatura, ceremonia donde declaró: «Me llegó tarde, casi por cumplido y porque creían que no iba a molestar más».

Cabe resaltar que su esposa, Winétt de Rokha, fue una figura importante en su vida y obra, quien falleciera de cáncer en 1951. A su vez, su dolor se acrecentó cuando su hijo Carlos de Rokha, lúcido poeta de los ‘60, se suicidara a los 42 años. Sumando todas estas penas, Pablo tomó la drástica decisión de quitarse la vida el 10 de Septiembre de 1968, usando un revólver Smith & Wesson en su casa en Valladolid 160, Ñuñoa.

Aquí, su poema “Genio y Figura”, escrito en 1916, a sus 20 años:

Yo soy como el fracaso total del mundo, ¡oh, Pueblos!
El canto frente a frente al mismo Satanás,
dialoga con la ciencia tremenda de los muertos,
y mi dolor chorrea de sangre la ciudad.
Aún mis días son restos de enormes muebles viejos,
anoche «Dios» llevaba entre mundos que van
así, mi niña, solos, y tú dices: «te quiero»
cuando hablas con «tu» Pablo, sin oírle jamás.
El hombre y la mujer tienen olor a tumba,
El cuerpo se me cae sobre la tierra bruta
Lo mismo que el ataúd rojo del infeliz.
Enemigo total, aúllo por los barrios,
un espanto más bárbaro, más bárbaro, más bárbaro
que el hipo de cien perros botados a morir.

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