Un horror en España

Por Julio Salviat W.*

Pablo Necochea | Flickr

Chile clasificó para el Mundial siguiente, disputado en Inglaterra, después de eliminar a Colombia y Ecuador. En Sunderland y Middlesbourgh no hizo mucha historia: tras caer en el debut frente a Italia (0-2), igualó los otros encuentros de la serie: 1-1 con el sorprendente Corea del Norte y 2-2 con la Unión Soviética.

No estuvo en México 70, eliminado por Uruguay, pero sacó pasajes para Alemania 74 dejando afuera a Perú, único rival en la fase eliminatoria por deserción de Venezuela) y marginando a la URSS en el repechaje. Chile igualó 0-0 con los soviéticos en Moscú, pero éstos no se presentaron a la revancha, en el Estadio Nacional de Santiago, aduciendo que ese lugar había sido lugar de detención, tortura y matanza tras el golpe de estado de 1973. En Berlín, Chile cayó 0-1 con el dueño de casa (que sería posteriormente el ganador de la Copa) y empató con Alemania Democrática (1-1) y Australia (0-0).

Faltó a la cita de Argentina 78, marginado por Perú, pero asistió a la de España 82 después de ganar invicto, y sin goles en contra, la clasificación que disputó con Ecuador y Paraguay. A Oviedo y Gijón, la selección chilena llegó como favorita para avanzar en el torneo. Allí recibió todo el cariño de los asturianos. Pero, también, los goles de Austria (1-0), Alemania (4-1) y Argelia (3-2) en lo que es la peor actuación mundialista de Chile.

A México 86 Chile no asistió, eliminado por Paraguay en fase de repechaje. Y esa eliminación tuvo consecuencias funestas para el Mundial siguiente. Enloqueció el medio y la pasión exacerbada culminó con el “show” del arquero Roberto Rojas infligiéndose una herida en la frente para hacer creer que había sido atacado por la hinchada local en el partido eliminatorio con Brasil en el estadio Maracaná. Descubierta la farsa, Chile quedó marginado de los mundiales de Italia 90 y Estados Unidos 94.

Tuvo tiempo para reorganizarse y limpiar su imagen antes de clasificar limpiamente para Francia 98. En un  torneo de todos contra todos, con participación de los diez países sudamericanos, Chile obtuvo la cuarta plaza escoltando a Argentina, Colombia y Paraguay.

Iván Zamorano y Marcelo Salas contribuyeron decisivamente a la clasificación al convertirse en los máximos anotadores de la fase de clasificación. En  Burdeos, Saint Etienne y Nantes, Salas mantuvo su eficacia e Iván Zamorano, sin anotar, fue figura destacadísima. Chile igualó sus tres partidos: 2-2 con Italia (que empató con dudoso penal cobrado cuando faltaban cinco minutos para el pitazo final), 1-1 con Austria (que anotó en el último minuto del partido) y 1-1 con Camerún (en su peor partido). En la ronda siguiente se encontró con Brasil en el Parque de los Príncipes parisiense y regresó a casa con la satisfacción del deber cumplido.

Ahora el fútbol chileno espera las clasificatorias para el Mundial de Sudáfrica, después de pasar los torneos de Corea-Japón 2002 y Alemania 2006 como simple y lejano espectador.